Cuando los riñones de Yahia dejaron de funcionar, tenía apenas 8 años, su familia quedó atrapada en una encrucijada imposible. En el Líbano, donde trabajaba su padre como obrero de la construcción, el sistema de salud arrastra años de crisis, falta de insumos y financiamiento insuficiente. El tratamiento de diálisis, que rondaba los 1.200 euros mensuales, estaba fuera de su alcance. La alternativa era clara: intentar salvarlo o resignarse a perderlo.
Con ahorros y préstamos familiares, Abdulaziz Aldarwish reunió 5.000 euros y tomó una decisión extrema: subirse a una embarcación precaria rumbo a Chipre junto a su hijo. Detrás quedaron su esposa y otros ocho hijos, en una aldea siria cercana a la frontera libanesa.
El trayecto, que debía durar apenas unas horas, se convirtió en una pesadilla. Padre e hijo quedaron a la deriva durante siete días en el Mediterráneo, sobreviviendo con agua de lluvia y unos pocos dátiles. Antes de embarcar, Yahia había recibido diálisis peritoneal para poder resistir el viaje, pero el riesgo era enorme.
Finalmente, un buque mercante los avistó y rescató. “No esperaba que mi hijo tuviera que soportar algo así”, recordó Aldarwish tiempo después. Para ellos, haber sobrevivido fue, literalmente, un milagro.
Ya en Chipre, los médicos detectaron que la única opción real era un trasplante. La oportunidad surgió en Grecia, donde se preparaba la reapertura de cirugías de riñón en niños con bajo peso, suspendidas durante años. A partir de allí, comenzó una coordinación poco habitual: autoridades y equipos médicos de distintos países trabajaron para trasladar a Yahia y su padre a Atenas. Durante meses, fueron monitoreados por especialistas de varios hospitales, con apoyo de intérpretes y asistencia social.

El 22 de enero de este año, dos años después de comenzada la travesía, finalmente, llegó el día clave. Padre e hijo ingresaron a quirófanos separados para someterse a cirugías paralelas: Aldarwish donó uno de sus riñones para darle a Yahia una nueva oportunidad.
La operación se realizó en el recientemente inaugurado Centro Nacional de Trasplantes Onassis y fue considerada un ejemplo de cooperación internacional en salud. Médicos involucrados destacaron que el procedimiento fue posible gracias a la articulación entre sistemas sanitarios, algo poco frecuente en contextos de crisis migratoria. “El trasplante trasciende fronteras, religiones y diferencias”, señalaron desde el equipo médico que siguió el caso.
Hoy, Yahia tiene 10 años y se recupera favorablemente. Sueña con volver a la escuela, reencontrarse con sus compañeros y, algún día, abrir su propio supermercado. Su padre, aliviado, resume la decisión que cambió sus vidas: “Tenía que arriesgarme: o lo salvaba… o moríamos los dos”.

La historia de ambos expone una realidad más amplia: miles de familias migran no solo por guerras o pobreza, sino también por la imposibilidad de acceder a tratamientos médicos básicos. En regiones donde los sistemas de salud colapsan, la supervivencia muchas veces depende de cruzar fronteras. En este caso, el viaje terminó en vida. Pero también deja al descubierto hasta dónde puede llegar un padre cuando la única opción es no rendirse.