27/05/2026 - Edición Nº1205

Política

Abril de 2011

A 15 años de la desastrosa pre-PASO del PJ anti-K: se bajaron todos menos uno

04/04/2026 | El intento del llamado "peronismo federal" para mostrar músculo ante Cristina Kirchner terminó muy mal. Arrancó con cuatro "precandidatos" y solo quedó uno.



A 15 años de aquel experimento político que buscó reordenar al peronismo no kirchnerista, la llamada “pre-PASO” del Peronismo Federal de 2011 quedó en la historia como un intento fallido de construir una alternativa competitiva frente al liderazgo consolidado de Cristina Kirchner.

Lo que comenzó como una interna innovadora y escalonada, terminó desdibujándose entre tensiones, deserciones y una fuerte asimetría frente al oficialismo, que meses después lograría una contundente victoria electoral.

El origen de una interna para enfrentar al kirchnerismo

En abril de 2011, el Peronismo Federal —el espacio del Partido Justicialista enfrentado al gobierno nacional— puso en marcha una serie de elecciones preliminares con el objetivo de definir un candidato único para las elecciones presidenciales de octubre. La iniciativa buscaba ordenar la oferta opositora dentro del peronismo y construir volumen político suficiente para competir contra el kirchnerismo.

El primer capítulo de esa interna tuvo lugar en la Ciudad de Buenos Aires. Allí, Eduardo Duhalde se impuso por un margen mínimo sobre el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá: obtuvo el 50,37% de los votos contra el 49,63% de su rival. La diferencia fue de apenas 248 votos sobre un total de más de 33 mil sufragios, lo que ambos destacaron como una señal de paridad.

Tras conocerse los resultados, Duhalde buscó darle un tono constructivo a la contienda y señaló que el objetivo excedía la victoria puntual: "Estoy muy contento y no por la victoria, porque este resultado es como un empate técnico, sino porque hemos comenzado la tarea de formar un equipo para ser una alternativa al Gobierno, del que somos claramente opositores".

Por su parte, Rodríguez Saá también valoró la convocatoria y relativizó el resultado adverso. Entre risas, anticipó su confianza en revertir el resultado en los siguientes turnos electorales, al considerar que había logrado un excelente desempeño en un distrito históricamente más favorable a su adversario.

De cuatro candidatos a una interna debilitada

El proceso había comenzado con cuatro precandidatos, pero rápidamente evidenció dificultades para sostener su competitividad. Felipe Solá decidió bajarse por no contar con un despliegue territorial propio, mientras que el gobernador de Chubut, Mario Das Neves, abandonó la carrera tras su desgaste político en su provincia.

Así, la contienda quedó reducida a un mano a mano entre Duhalde y Rodríguez Saá. Sin embargo, lejos de fortalecerse, la interna comenzó a mostrar signos de fragilidad organizativa y política.

Duhalde, envalentonado por su ajustada victoria inicial, impulsó la idea de ampliar el armado opositor más allá del peronismo disidente. “La gente quiere expresar de alguna manera su voto contrario al Gobierno”, afirmó, al tiempo que propuso conformar un “frente amplio” que incluyera a otros sectores, incluso al radicalismo. “No es inteligente a esta altura del partido descartar alianzas”, sostuvo, en línea con la estrategia de unificar a la oposición.

El segundo round y la ilusión de consolidación

Una semana después, el Peronismo Federal celebró la segunda etapa de su interna en cuatro provincias del noreste argentino: Chaco, Corrientes, Misiones y Entre Ríos. En esta ocasión, Duhalde logró una victoria más holgada, con 19.870 votos frente a los 13.783 de Rodríguez Saá.

El ex presidente reforzó entonces su discurso de construcción colectiva. “Estamos buscando quién lidere la alternativa que la República Argentina está pidiendo”, expresó, mientras insistía en la necesidad de una confederación opositora que compitiera en las primarias de agosto y luego unificara fuerzas.

Rodríguez Saá, por su parte, mantuvo una postura institucional y aceptó el resultado, destacando el mecanismo elegido. “Esta manera de elegir el candidato es la mejor, porque es la que nos enseña la democracia”, señaló tras felicitar a su adversario.

El quiebre: denuncias, tensiones y abandono

El punto de inflexión llegó en el tercer turno de la interna, prevista en Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca. En medio de fuertes dudas sobre las reglas de juego, Duhalde decidió bajarse de la contienda, denunciando irregularidades y cuestionando la organización.

Desde su entorno calificaron la situación como un verdadero papelón y sostuvieron que las condiciones habían sido alteradas de manera unilateral. Sin fiscales ni una junta electoral consensuada, consideraron inválida la elección.

A pesar de la ausencia de su rival, Rodríguez Saá avanzó con los comicios y se proclamó ganador con el 98% de los votos: “He triunfado. Espero que el doctor Duhalde venga a darme la mano, como yo se la di la semana pasada y la anterior”.

Sin embargo, el daño ya estaba hecho. La interna perdió sentido político y quedó reducida a una disputa sin proyección real. El propio Rodríguez Saá lo sintetizó con ironía: “Éramos cuatro, quedamos tres, ahora parece que somos dos, pero queda uno solo”.

Una estrategia que no logró consolidarse

El experimento de las “pre-PASO” del Peronismo Federal buscaba anticiparse al nuevo sistema de primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), que se aplicarían por primera vez ese mismo año. La idea era llegar a esa instancia con un candidato fortalecido y con legitimidad interna.

Sin embargo, la falta de cohesión, las disputas internas y la incapacidad de sostener reglas claras terminaron debilitando la iniciativa. Lejos de consolidar una alternativa competitiva, el proceso evidenció la fragmentación del espacio opositor dentro del peronismo.

El desenlace: el triunfo arrasador de Cristina Kirchner

Meses después, en las elecciones presidenciales de octubre de 2011, el resultado fue contundente. Cristina Kirchner logró la reelección con el 54% de los votos, en una de las victorias más amplias desde el retorno de la democracia.

El Peronismo Federal, que había intentado erigirse como una opción competitiva, no logró capitalizar el proceso interno ni construir una candidatura con volumen electoral suficiente para disputar el poder. Alberto Rodríguez Saá sacó el 8%, y Duhalde solo el 6%.

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