El 3 de abril de 2021, en el contexto de la segunda ola de COVID-19 en Argentina, el entonces presidente Alberto Fernández confirmó que había dado positivo de coronavirus. Apenas dos días después, el 5 de abril, protagonizó una conversación telefónica con su par ruso, Vladimir Putin, en la que hablaron sobre su estado de salud, la vacuna Sputnik V y la relación bilateral.
El episodio se produjo en un momento particular: el Gobierno enfrentaba un escenario sanitario delicado, con el avance de contagios, pero aún no había estallado la llamada “fiesta de Olivos”, que meses más tarde marcaría un fuerte impacto en la imagen presidencial.
La noticia se conoció públicamente el 3 de abril, cuando el Presidente informó en sus redes sociales que un test de antígeno había dado positivo por COVID-19, aunque todavía aguardaba la confirmación por PCR.
Fernández detalló que presentaba síntomas leves: fiebre de 37,3 grados y dolor de cabeza. En ese marco, comunicó que se aislaba en la Quinta de Olivos y seguía las indicaciones médicas correspondientes.
En su mensaje, transmitió tranquilidad sobre su estado general: “Me encuentro físicamente bien y, aunque hubiera querido terminar el día de mi cumpleaños sin esta noticia, también me encuentro bien de ánimo”.
Quería contarles que al terminar el día de hoy, luego de presentar un registro de fiebre de 37.3 y un leve dolor de cabeza, me realice un test de antígeno cuyo resultado fue positivo.
— Alberto Fernández (@alferdez) April 3, 2021
El caso del Presidente tenía un elemento central: ya había recibido las dos dosis de la vacuna Sputnik V, desarrollada en Rusia. La primera aplicación había sido en enero de 2021, en una etapa inicial de la campaña de vacunación.
En ese contexto, el propio mandatario utilizó su diagnóstico para reforzar el mensaje de prevención. “Yo vivo cuidándome y sin embargo me dio positivo. Eso demuestra que todos tenemos que estar alerta”, señaló en declaraciones periodísticas.
Desde el Gobierno también remarcaron que la vacunación no garantizaba inmunidad absoluta, aunque sí contribuía a reducir la gravedad de la enfermedad, algo que en el caso de Fernández parecía confirmarse por la levedad de los síntomas.
Tras confirmarse el positivo, la Casa Rosada activó los protocolos sanitarios. Se identificaron y aislaron los contactos estrechos del Presidente en las 48 horas previas.
Entre ellos se encontraban funcionarios de alto nivel, como el canciller Felipe Solá, el secretario de Malvinas Daniel Filmus y el intendente Juan Zabaleta, entre otros. La entonces ministra de Salud, Carla Vizzotti, supervisó personalmente el seguimiento.
Además, se suspendieron o reformularon actividades oficiales. Reuniones previstas, como un encuentro con el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, pasaron a realizarse de manera virtual.

El episodio ocurrió en un momento crítico de la pandemia en Argentina. Durante esos días, los contagios comenzaban a acelerarse, anticipando la llegada de la segunda ola.
El Gobierno analizaba nuevas restricciones y medidas sanitarias, mientras avanzaba la campaña de vacunación con un ritmo condicionado por la disponibilidad de dosis. En ese escenario, la salud del Presidente adquiría una dimensión institucional.
El 5 de abril, dos días después del anuncio del contagio, Fernández recibió una llamada de Vladimir Putin. El presidente ruso se comunicó directamente para interiorizarse sobre su estado de salud.
Según trascendió, la conversación tuvo un tono personal y cercano. Ambos mandatarios se definieron como “amigos” y destacaron el vínculo bilateral.
Tras el contacto, Fernández expresó: “Estoy bien, se lo debo a Putin”, en referencia a la vacuna Sputnik V. También señaló que le agradeció por el desarrollo del inmunizante y destacó su impacto positivo.
En ese marco, el Presidente argentino subrayó que la vacuna “tiene un gran prestigio en la sociedad argentina” y que su caso demostraba su eficacia para reducir la gravedad del cuadro.

La conversación no se limitó a la situación sanitaria. Ambos líderes también abordaron temas estratégicos de la relación bilateral.
Fernández planteó la necesidad de seguir trabajando en conjunto y mencionó la posibilidad de contar con el apoyo de Rusia en la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Además, se discutieron proyectos de cooperación y la participación rusa en iniciativas en Argentina.
Por su parte, Putin ratificó el compromiso de garantizar el suministro de vacunas Sputnik V al país, en un momento en que la provisión de dosis era un factor clave para la gestión de la pandemia.
Este capítulo de abril de 2021 se dio en una etapa en la que la figura presidencial todavía no había sido atravesada por uno de los escándalos más significativos de su gestión: la llamada “fiesta de Olivos”.
Ese episodio, que se conocería meses después, generó una fuerte controversia política y social, al evidenciar que el presidente participaba de una reunión social por el cumpleaños de Fabiola Yañez, violando el decreto que él mismo había firmado.