El conflicto se desató cuando se viralizaron publicaciones del coordinador de Radio Nacional Tucumán, Enzo Ferreira, en las que se refirió a Mercedes Sosa en términos abiertamente ofensivos: “gorda comunista” y “cáncer”.
Lejos de tratarse de un comentario aislado, el funcionario intentó inicialmente relativizar el episodio al sostener que se trataba de un retuit. Sin embargo, con el correr de las horas quedaron expuestas otras intervenciones propias en las que insistía con ese tipo de descalificaciones, lo que terminó de escalar la polémica.
El dato que convirtió el caso en un problema político mayor fue su rol institucional: Ferreira ocupa un cargo en Radio Nacional Tucumán, emisora que lleva el nombre de la propia Mercedes Sosa, ícono cultural de la provincia y figura central del folklore argentino.
La respuesta en Tucumán fue inmediata y transversal. El gobernador Osvaldo Jaldo salió a cuestionarlo públicamente y dejó una definición que marcó el tono del conflicto: “No hace falta ni que le pidamos la renuncia, se tiene que ir solo”.
Jaldo también remarcó que los dichos implicaban “una falta de respeto” hacia una figura que representa a Tucumán en el país y en el mundo, y advirtió que ese tipo de expresiones evidencian desconocimiento sobre la historia cultural argentina.
El repudio no se limitó al plano político. El Ente Cultural de Tucumán calificó las expresiones como un “ataque a la identidad tucumana”, mientras que artistas, referentes sociales y ciudadanos impulsaron manifestaciones frente a la radio y acciones públicas en desagravio a la cantante.
La familia de Mercedes Sosa fue aún más contundente. En un comunicado, no solo exigió la renuncia de Ferreira sino que definió sus dichos como una muestra de “intolerancia y discriminación”, subrayando que no se trataba de una ofensa individual sino de un agravio a un símbolo cultural.
Con el escándalo ya instalado a nivel nacional, Ferreira publicó un mensaje de disculpas en el que afirmó: “Quiero pedir mis sinceras disculpas a la familia y allegados de la emblemática cantante”.
Sin embargo, la retractación no logró desactivar la crisis. La familia de Mercedes Sosa respondió de manera directa: “No aceptamos las disculpas y reiteramos el pedido de renuncia”.
El rechazo se apoyó en un punto clave: las disculpas llegaron después de que el funcionario intentara justificar sus dichos, incluso definiéndolos como una “descripción física e ideológica”. Esa secuencia debilitó la credibilidad del arrepentimiento y consolidó la percepción de que no se trató de un exabrupto sino de una posición sostenida.

El episodio terminó trascendiendo a Ferreira y abrió una discusión más amplia. Mercedes Sosa no es solo una artista: es una figura asociada a la identidad cultural argentina, a la proyección internacional del folklore y a un legado vinculado a los derechos humanos y la memoria.
Por eso, el impacto del agravio no se midió únicamente en términos políticos, sino también simbólicos. En Tucumán -su tierra natal- el ataque fue leído como una agresión directa a un emblema colectivo.
En ese marco, el conflicto expuso una tensión creciente entre discursos políticos y representaciones culturales. Y dejó una señal clara: cuando el cuestionamiento apunta a figuras de ese calibre, la reacción excede la lógica partidaria y se convierte en un tema de identidad.