En la historia de Gran Hermano 3 hay estrategias, romances y también alianzas que marcaron el rumbo del juego. Una de las más recordadas (y, para muchos, subestimadas) fue la que encabezó Eduardo Carrera dentro de la casa. Corría la edición 2002-2003 y el actor se perfilaba como uno de los jugadores más fuertes. Sin embargo, su camino se cortó semanas antes de la final, cuando fue eliminado por un hecho violento, en una jugada que dejó en evidencia las tensiones internas.
Dentro del reality, además de su juego, también fue protagonista por su relación con Romina Orthusteguy, con quien inició un romance en plena convivencia. Pero más allá del amor, hubo una sociedad clave que definió gran parte de la estrategia: su alianza con Pablo Martínez.
Desde el inicio del programa, Eduardo y Pablo se mostraron alineados. Martínez, que en ese momento era visto como el galán de la casa, también tuvo su propia historia sentimental al vincularse con Natalia Quintiliano, pero nunca se despegó de su sociedad con Carrera en el juego.
Juntos se posicionaron en la vereda opuesta al grupo liderado por Viviana Colmenero —quien terminaría consagrándose campeona—, junto a Mauricio Córdoba y Matías Bagnato. Esa división marcó buena parte de la dinámica de la casa: dos bandos claros, estrategias cruzadas y una tensión constante que terminó inclinando la balanza. La eliminación de Eduardo, impulsada por sus propios compañeros, fue el golpe final para esa alianza que prometía llegar lejos.