El gobierno del Reino Unido decidió poner en pausa el acuerdo para transferir la soberanía del archipiélago de Chagos a Mauricio, en medio de tensiones con Estados Unidos y cuestionamientos directos de Donald Trump. La decisión expone el peso geopolítico de estas islas en el océano Índico, donde se ubica una de las instalaciones militares más sensibles del mundo.
El plan, que llevaba años de negociaciones, contemplaba que Londres devolviera formalmente el territorio a Mauricio, pero mantuviera el control de la base de Diego García mediante un arrendamiento de 99 años. Esa instalación es estratégica para operaciones militares estadounidenses y británicas en Medio Oriente, África y Asia.
Sin embargo, el avance del acuerdo quedó condicionado al aval de Washington. Trump lo calificó como un “gran error” y presionó para frenarlo, lo que llevó al gobierno de Keir Starmer a excluir la legislación necesaria del próximo calendario parlamentario. Desde Londres insisten en que el pacto solo avanzará si cuenta con el respaldo estadounidense.

La isla Diego García es considerada un punto neurálgico para la proyección militar de Estados Unidos. Desde allí se han coordinado operaciones en conflictos como las guerras del Golfo, Afganistán e Irak, además de misiones de vigilancia y logística en zonas estratégicas. Por eso, el Reino Unido sostiene que cualquier decisión debe priorizar la “seguridad operativa a largo plazo” de la base. En otras palabras, la soberanía del territorio quedó subordinada a su valor militar.
El archipiélago de Chagos fue separado de Mauricio en 1965, cuando aún era colonia británica. Poco después, entre finales de los años sesenta y comienzos de los setenta, alrededor de 2.000 habitantes originarios fueron expulsados para permitir la construcción de la base en Diego García.

Desde entonces, los chagosianos reclaman su derecho a regresar, mientras Mauricio sostiene que el territorio le pertenece. En los últimos años, fallos internacionales y resoluciones de organismos multilaterales reforzaron la presión sobre Londres para avanzar en la devolución.
El freno al acuerdo también refleja un deterioro en la relación entre el Reino Unido y Estados Unidos. Las diferencias se profundizaron por la postura de Starmer frente al conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, donde inicialmente evitó involucrarse y limitar el uso de bases británicas. Trump, por su parte, intensificó sus críticas al primer ministro, cuestionando su liderazgo y el estado de la histórica alianza entre ambos países.
Desde Mauricio, las autoridades reconocen que el estancamiento no sorprende y advierten que el entendimiento solo será posible si Londres y Washington logran una posición común. Mientras tanto, representantes del pueblo chagosiano denuncian que el proceso volvió a dejar en segundo plano su derecho a la autodeterminación y al retorno a sus tierras.
El futuro del archipiélago, así, sigue atrapado entre intereses militares globales, disputas diplomáticas y una deuda histórica que aún no encuentra resolución.