18/04/2026 - Edición Nº1166

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Agroindustria

Juan Petracchi: “Decidimos darle una vuelta más al pochoclo común”

13/04/2026 | La firma Rakan suma alternativas premium a este clásico alimento. Cómo es la historia de la compañía, que dio sus primeros pasos en un garage.



El pochoclo es uno de esos alimentos que forman parte de la vida cotidiana, que es inevitable asociarlo con el cine, el ocio y momentos distendidos. Con una base simple -el maíz pisingallo- y en millones de hogares, se consolidó como un clásico que atraviesa generaciones. Sin embargo, en los últimos años comenzaron a aparecer propuestas que buscan salir de ese formato tradicional y explorar nuevas formas de consumo.

Este el camino que transita Rakan, un emprendimiento que toma ese producto de siempre y le propone una vuelta distinta. A partir de materia prima de calidad y un desarrollo propio en sabores y procesos, la iniciativa apunta a posicionar al pochoclo por fuera de su zona de confort, acercándolo al universo de los snacks y los productos gourmet.

Con una impronta que combina lo artesanal con una escala productiva en crecimiento, el proyecto refleja cómo un alimento conocido puede reinventarse a partir de la innovación y el agregado de valor, sin perder su esencia original.

En El Living de NewsDigitales, Juan Petracchi -socio gerente de Rakan- recordó los inicios del proyecto, explicó el origen del nombre y también como es plan de negocios de la empresa y hacia donde apuntan. 

-Contanos la historia de cómo surge este emprendimiento y sobre todo esa conexión con Malasia, que hay en la creación del proyecto y en el nombre.

-Esto surge de una idea de negocio. En el mundo se consume un montón de este producto y así premium como lo estamos haciendo nosotros. Mi socio, Ginés Bargallo, fanático del pochoclo desde chico, se probó todos los pochoclos del mundo. Entonces, se compró una máquina 8 años antes de que empecemos, más o menos en el 2002, 2003. Él viajaba por el mundo, jugaba al polo, conoció un montón de lugares y en Malasia se desarrolló muchísimo en el polo, ahí también se consume mucho pochoclo. A partir de su fanatismo se le ocurrió traerlo a Argentina, un producto que no había acá. Sí tenías el pochoclo común, el maíz pisingallo para hacer en tu casa. A partir de esa idea se trajo la pochoclera en pandemia, cuando estábamos todos parados, y arrancó con la fórmula del caramelo. Un día le tenés que preguntar qué pasó para lograr el caramelo que hoy tenemos. Nos costó entre 8 y 10 meses lograr la fórmula natural, sin conservantes. Fue un trabajo de alquimista impresionante: se quemaba, se cristalizaba, pasaba de todo.

-¿Y por qué Malasia?

-Porque su corazón y su laburo estaban allá. Buscamos palabras en malayo y “rakan” significa amigos. Y maridaba perfecto con lo que es el pochoclo, algo para compartir con amigos. Yo me uní en 2020 junto con Laura Berni, que se había sumado antes porque es licenciada en tecnología de los alimentos y ayudó a desarrollar la fórmula. Empezamos en la casa de él, en el garage, después en un localito por Pilar.

-En la página web hay una frase que dice que Rakan comenzó como una visión muy simple: reimaginar un pochoclo y hacerlo fuera de lo común con ingredientes de primera calidad. ¿Cómo hacés eso industrialmente?

-Ginés trabajó mucho en la industria frigorífica por su familia y conoce lo que son las líneas de producción. Fuimos pensando la línea y en 2022 pasamos a un galpón de 300 metros cuadrados, que hoy son 600 metros cuadrados.

-¿Dónde está ese galpón?

-En Exaltación de la Cruz, cerca de Capilla del Señor, sobre la ruta 8 km 73. Es una fábrica hecha a pulmón, reciclamos chatarra de acero inoxidable para armar muchas de las máquinas. Le quisimos dar una vuelta al pochoclo tradicional para hacer un producto premium y gourmet, con una gran componente artesanal. El caramelo nos llevó 10 meses y hoy logramos una vida útil de 9 meses.

El paso a paso de la industrialización

-¿Cómo es el proceso desde el maíz hasta el producto final?

-Usamos maíz pisingallo argentino de alta calidad. Lo explotamos en pochocleras a alta temperatura, pasa por una zaranda para eliminar granos que no explotaron y luego se carameliza. Tenemos distintas fórmulas: limón con semilla de amapola, coco, frutilla con pulpa natural, entre otras. Después pasa a enfriado y envasado y es clave envasarlo tibio para evitar humedad. Para mejorar la vida útil, controlamos la humedad con aire acondicionado y deshumidificador.

¿Qué volumen producen y cómo es el modelo de negocios?

-Procesamos entre 80 y 100 kilos de maíz por turno. Al principio pensamos en locales propios, pero no funcionaba, entonces recalculamos y nos enfocamos en ser fabricantes. Crecimos reinvirtiendo ganancias. Primero trabajamos con distribuidores, después entramos en supermercados como Carrefour y luego en otras cadenas. También seguimos con distribuidores y comercios de cercanía.

¿Cómo es la competencia?

-Competimos indirectamente con snacks como las papas fritas. Buscamos que el pochoclo deje de ser visto como golosina y pase a ser snack.

-¿Están desarrollando nuevos productos?

-Sí, estamos lanzando uno sin sellos, sin octógonos, con azúcar orgánica y sabor vainilla. También es sin gluten y certificado para celíacos.