18/04/2026 - Edición Nº1166

Internacionales

Minería crítica

Venezuela apuesta a la minería, pero un obstáculo frena a los inversores

14/04/2026 | La apertura al capital extranjero enfrenta un escenario dominado por ilegalidad, violencia y débil presencia estatal.



Venezuela intenta relanzar su sector minero como alternativa económica en un contexto de transformación interna. La nueva ley que habilita mayor participación extranjera busca atraer inversiones en oro, hierro y otros minerales estratégicos. Sin embargo, la iniciativa se apoya sobre una base frágil: un territorio donde el control estatal es limitado y las dinámicas informales siguen predominando.

El giro hacia la minería no surge solo como oportunidad, sino también como necesidad. Con una economía que busca diversificarse tras años de dependencia petrolera, el gobierno intenta activar sectores capaces de generar divisas. Pero a diferencia de otras industrias, la minería venezolana presenta un problema estructural previo a cualquier inversión: la falta de gobernanza efectiva.

Venezuela 


Venezuela es un país de la costa norte de América del Sur, con diversas atracciones naturales.

Territorio y poder

En regiones como el Arco Minero del Orinoco, la actividad extractiva está marcada por la presencia de grupos armados, economías ilegales y redes de contrabando. Estas estructuras han consolidado un sistema paralelo que opera con reglas propias, muchas veces en conflicto con cualquier intento de formalización.

La llegada de empresas internacionales no elimina este problema, sino que lo expone. Invertir en estas zonas implica negociar con realidades complejas, donde la seguridad, el acceso y el control no dependen exclusivamente del Estado. Esto eleva los costos y reduce la previsibilidad de cualquier proyecto.


Minería venezolana enfrenta desafíos estructurales más allá del marco legal.

Inversión bajo presión

Aunque el marco legal intenta ofrecer garantías, el riesgo operativo sigue siendo alto. La incertidumbre jurídica, sumada a antecedentes de expropiaciones y cambios regulatorios, genera cautela entre potenciales inversores. A esto se suma la presión reputacional vinculada a denuncias de impactos ambientales y condiciones laborales precarias.


Inversión extranjera choca con control territorial limitado y economías ilegales.

En este contexto, la minería venezolana se convierte en una apuesta de alto riesgo. El país ofrece recursos valiosos, pero el entorno condiciona su explotación. Sin una transformación profunda del control territorial y la institucionalidad, la apertura podría atraer interés inicial, pero difícilmente consolidar inversiones sostenibles.