El gobierno italiano y gran parte de su dirigencia política salieron en defensa del Papa León XIV tras los ataques del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un episodio que tensó la relación entre Roma y Washington y expuso el peso simbólico del pontífice en la política europea.
La primera ministra Giorgia Meloni fue contundente al calificar como “inaceptables” las palabras de Trump contra el Papa, luego de haber sido cuestionada por la oposición por no responder de inmediato. “El Papa es el jefe de la Iglesia católica y es normal que llame a la paz y condene toda forma de guerra”, afirmó en un segundo comunicado con el que buscó despejar dudas sobre su posición.

El conflicto se desató cuando Trump lanzó una dura crítica contra León XIV, a quien calificó como “terrible”, y luego profundizó la polémica al publicar una imagen generada con inteligencia artificial en la que se lo representaba con rasgos similares a Jesucristo, lo que generó rechazo en amplios sectores cristianos.
León XIV respondió sin escalar el tono, pero dejó una señal clara: dijo no tener “ningún miedo” a la administración estadounidense y ratificó que seguirá pronunciándose contra la guerra impulsada por Estados Unidos e Israel en Medio Oriente, así como en defensa de los migrantes.
La reacción en Italia fue transversal. El viceprimer ministro Matteo Salvini, que en el pasado había mostrado afinidad con Trump, también tomó distancia. Destacó que el Papa no solo es un líder espiritual para millones de personas, sino además una figura que “busca la paz”, y advirtió que atacarlo no resulta “ni sabio ni útil”.

Desde la oposición, el ex primer ministro Matteo Renzi fue aún más directo y calificó el episodio como un hecho de extrema gravedad. “Hace siglos que no se veía un ataque tan explícito contra el pontífice romano”, señaló, y defendió la necesidad de respaldar al Papa tanto para creyentes como para no creyentes.
Renzi incluso contrapuso las figuras de ambos líderes al describir a León XIV como un “constructor de puentes”, frente a un Trump al que acusó de “destruir relaciones y civilización”, y remató con una frase que resonó en el debate público: “los Trump pasan, los papas permanecen”.

El episodio reavivó una idea profundamente arraigada en Italia: el riesgo político de confrontar con el Papa. Un antiguo proverbio lo resume con claridad, “quien se enfrenta al Papa, cae”, reflejo de siglos de tensiones entre el poder temporal y el Vaticano. Historiadores y referentes de la Iglesia recordaron conflictos como el que enfrentó al papado con la Casa de Saboya en el siglo XIX, cuando la monarquía italiana terminó desapareciendo mientras la institución papal se mantuvo como una de las más influyentes del mundo.
Incluso dentro del Vaticano, las reacciones apuntaron en esa dirección. El sacerdote Antonio Spadaro sostuvo que el ataque de Trump revela, en realidad, la relevancia del Papa. “Si fuera irrelevante, no generaría este tipo de reacciones. El hecho de que sea criticado demuestra que su palabra importa”, señaló.
El cruce también deja a Meloni en una posición incómoda. Fue la única líder europea en asistir a la asunción de Trump en 2025 y había apostado a esa relación para fortalecer su perfil internacional. Sin embargo, el rechazo que genera el mandatario estadounidense en Italia y el peso político del Vaticano obligaron a la primera ministra a marcar distancia.
El episodio no solo evidencia una crisis puntual, sino también un reacomodamiento más amplio: sectores de la derecha europea comienzan a tomar distancia del liderazgo de Trump, mientras el Papa León XIV consolida su rol como una voz influyente en los debates globales sobre guerra, migración y poder político.