El Gobierno volvió a pisar el acelerador del ajuste. Este lunes trascendió que, Luis Caputo, les pidió a todos los ministerios que recorten un 2% en gastos corrientes y un 20% en gastos de capital.
La decisión encendió alarmas dentro y fuera del oficialismo. La pregunta es inevitable: si el Gobierno viene mostrando superávit fiscal desde hace casi dos años, ¿por qué necesita seguir ajustando?
La respuesta empieza a aparecer en los números.
El principal problema es que el ancla fiscal empieza a mostrar signos de desgaste.
El resultado primario en los primeros dos meses del año fue 5% menor al superávit del mismo período de 2025, en un contexto de fuerte caída de la recaudación.
Los datos son contundentes, hace 8 meses consecutivos que la recaudación nacional cae en términos interanuales.En marzo, los ingresos tributarios fueron de $16,07 billones, con una caída real del 4,5%,en el acumulado del primer trimestre, la recaudación total retrocede 7,5% real

Según ARCA, los recursos que quedan en Nación caen un 8%, mientras que los que se distribuyen a provincias y CABA bajan 6,5%.
El resultado es un círculo vicioso: el ajuste enfría la actividad económica y esa menor actividad reduce la recaudación, obligando a nuevos recortes.
En paralelo, el ajuste se sostiene en parte con un freno en los pagos del Estado.
Uno de los casos más visibles fue el conflicto en el transporte, donde la falta de actualización de subsidios llevó a una reducción del servicio. El Gobierno giró el 60% de los fondos de abril, pero todavía queda un monto pendiente que se comprometió a pagar con bonos.
Una situación similar se observa en el PAMI. El organismo mantiene deudas con prestadores —farmacias, clínicas y médicos— por montos cercanos a los $500.000 millones, lo que derivó en recortes de prestaciones y medidas de fuerza, incluyendo un paro de 72 horas.
Detrás de este esquema aparece una diferencia clave en las cuentas públicas: lo devengado y lo pagado.
Devengado es el gasto que el Estado reconoce como obligación (aunque no lo haya pagado aún), pagado es el gasto efectivamente desembolsado
En el primer trimestre del año, el Estado devengó $2,2 billones más de lo que pagó, lo que implica que está acumulando compromisos pendientes para sostener el resultado fiscal en el corto plazo.
En el primer trimestre se devengaron 2.2 billones más que lo que se pagó. pic.twitter.com/PWm7byC55b
— MARTIN Barrionuevo (@mmbarrionuevo) April 13, 2026
El ajuste también tiene un objetivo externo: cumplir con las metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional. En la última revisión técnica, el Gobierno se comprometió a alcanzar un superávit primario equivalente al 1,5% del PBI en 2026.
Sin embargo, hasta febrero —último dato disponible— el resultado acumulado era de apenas 0,4% del Producto, lo que vuelve más exigente el cumplimiento de la meta.
En ese contexto, el Gobierno busca destrabar desembolsos por unos USD 1.000 millones, clave para reforzar las reservas y sostener el programa económico.