El presidente Javier Milei brindó un extenso discurso en el evento de AmCham en el que abordó el dato reciente de inflación, defendió su programa económico y rechazó de plano la idea de un trade-off entre inflación y crecimiento.
Lejos de evitar el tema, el mandatario abrió su exposición con una definición tajante: “como odio a la inflación… voy a hablar de inflación”, marcando el tono de una intervención centrada en explicar causas, dinámica y perspectivas.
Milei sostuvo que la suba inflacionaria reciente responde a factores específicos y transitorios, combinados con una fuerte caída previa en la demanda de dinero.
Según explicó, Argentina atravesó “dos shocks de características descomunales”, incluyendo una corrida equivalente al 50% del agregado monetario M2 y un “ataque destituyente” desde la política.
En ese marco, insistió en una interpretación monetarista del fenómeno inflacionario, apoyándose en la clásica definición: la inflación como resultado de “un exceso de oferta de dinero o caída en la demanda”.
El Presidente remarcó que la política monetaria “no cambió” y que los factores que impulsaron el último dato inflacionario —como educación, carne y contexto internacional— son transitorios.
Además, destacó señales que, según su visión, anticipan una desaceleración:
“Lo más importante es saber por qué hacia adelante la inflación va a bajar”, afirmó.

Uno de los ejes más fuertes del discurso fue la crítica a la idea de que mayor inflación puede impulsar el crecimiento.
Milei calificó esa hipótesis como “una basura” y “un disparate”, argumentando que históricamente Argentina aplicó ese enfoque sin éxito y que los modelos teóricos que lo sostienen son inconsistentes.
También cuestionó interpretaciones de la curva de Phillips y defendió las teorías de expectativas racionales, señalando que cualquier intento de estimular la economía vía inflación implica “engañar” a los agentes.
El mandatario reafirmó los pilares de su programa:
“No vamos a ceder un ápice”, sostuvo, vinculando estas medidas con una estrategia de crecimiento sostenido.

En un tramo distintivo, Milei planteó la economía como un problema moral, afirmando que generar inflación implica “mentir”, “estafar” y “robar”.
“La moral como política de Estado” fue presentada como un principio rector, con rechazo explícito a cualquier estrategia que implique manipulación monetaria.