16/04/2026 - Edición Nº1164

Política

Boletín Oficial

Volcanes, inundaciones y sismos: el plan de Milei y el riesgo en cada provincia

16/04/2026 | Se trata del nuevo Plan Nacional para la Reducción del Riesgo de Desastres 2025-2029. Foco en la "cultura de prevención".



El Gobierno nacional oficializó el nuevo Plan Nacional para la Reducción del Riesgo de Desastres 2025-2029, una hoja de ruta clave en materia de prevención, respuesta y reconstrucción ante emergencias, que reemplaza al esquema vigente hasta 2023 y actualiza el diagnóstico de amenazas en todo el territorio argentino.

La medida se formalizó mediante la Resolución 334/2026 del Ministerio de Seguridad Nacional, que aprueba el plan elaborado en el marco del Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo (SINAGIR), con una mirada federal y enfoque de largo plazo.

Un cambio de enfoque: de la reacción a la prevención

El nuevo plan establece como eje central “forjar una cultura de prevención”, con políticas públicas orientadas a reducir riesgos antes de que ocurran los desastres, en lugar de limitarse a la respuesta posterior.

El documento plantea que la gestión del riesgo debe ser un proceso continuo, basado en:

  • Reducción de la exposición a amenazas
  • Disminución de la vulnerabilidad social
  • Fortalecimiento de las capacidades estatales
  • Coordinación entre Nación, provincias y municipios

Además, incorpora lineamientos del Marco de Sendai de Naciones Unidas, alineando la política argentina con estándares internacionales.

Riesgo de terremoto en todo el país

Las cuatro prioridades estratégicas hacia 2029

El plan fija cuatro grandes ejes que ordenarán las políticas públicas en los próximos años:

  • Comprender el riesgo de desastres
  • Fortalecer la gobernanza del sistema
  • Invertir en infraestructura y resiliencia
  • Mejorar la preparación y la reconstrucción post desastre

Estas prioridades se traducen en 22 objetivos estratégicos y 75 metas específicas, con programas operativos anuales para su implementación.

Las principales líneas de acción

Entre las medidas concretas que se impulsarán se destacan:

  • Elaboración de planes de respuesta en todos los niveles (nacional, provincial y local)
  • Desarrollo de un Plan Nacional de Recuperación Posdesastres
  • Fortalecimiento de sistemas de alerta temprana
  • Creación de protocolos para evacuación y asistencia
  • Programas de concientización y educación pública

También se promueve el uso de tecnología y datos para el monitoreo en tiempo real y la toma de decisiones.

Mapa de riesgos: cómo impactan los desastres en cada región

Uno de los puntos centrales del anexo es el diagnóstico federal, que identifica amenazas específicas según región:

NOA: sismos, volcanes y eventos extremos

El Noroeste presenta alta exposición a:

  • Terremotos y erupciones volcánicas
  • Remoción en masa (deslizamientos)
  • Inundaciones y tormentas severas

NEA: inundaciones y fenómenos climáticos

En el Nordeste predominan:

  • Inundaciones regionales y urbanas
  • Tormentas intensas
  • Sequías y eventos asociados a El Niño/La Niña

Cuyo: riesgo sísmico y escasez hídrica

La región cuyana combina:

  • Alta amenaza sísmica
  • Sequías persistentes
  • Eventos volcánicos en zonas cordilleranas

Centro: inundaciones y tormentas

En la región central (incluida la zona núcleo):

  • Inundaciones por lluvias intensas
  • Tormentas severas con granizo y viento
  • Impacto productivo en el agro

Patagonia: volcanes, incendios y clima extremo

En el sur del país se destacan:

  • Erupciones volcánicas
  • Incendios forestales
  • Nevadas intensas y olas de frío

Incendios, uno de los focos críticos

El plan dedica un capítulo específico a incendios forestales, con medidas como:

  • Construcción de cortafuegos
  • Prohibición de quemas en zonas críticas
  • Refuerzo de brigadas y medios aéreos
  • Campañas masivas de concientización
  • Impacto económico y reconstrucción

En ese sentido, el diagnóstico reconoce que factores como el cambio climático, la degradación ambiental y el crecimiento urbano desordenado están aumentando la frecuencia y gravedad de los eventos extremos, lo que obliga a rediseñar las políticas públicas.