En la Argentina del asado, el cambio ya no es una advertencia: es una realidad que empieza a verse en las carnicerías. Mientras el precio de la carne vacuna sigue subiendo y el consumo cae a niveles históricos, comenzó a aparecer una alternativa que hasta hace poco parecía marginal: la carne de burro.
El caso que disparó la discusión se dio en el sur del país, donde una carnicería empezó a ofrecer este producto a un precio sensiblemente más bajo. Lo que parecía una prueba aislada tuvo una respuesta inesperada: la mercadería se agotó rápidamente y el tema se volvió viral.
Detrás de la iniciativa hay una historia concreta. Ximena, dueña de la carnicería, explicó que todo surgió como una salida ante la falta de rentabilidad en el campo.
“Este productor, entre cerrar el campo y producir otra cosa, probó con el burro”, contó.
Lo que empezó como una prueba terminó funcionando:“Se están haciendo pruebas experimentales… fue un éxito rotundo”.
El dato no es menor. No habla de una tendencia gastronómica sino de un intento por sostener la producción en un contexto adverso.
“Este productor, entre cerrar el campo y producir otra cosa, probó con el burro"
— Corta (@somoscorta) April 15, 2026
Ximena, dueña de la carnicería que vende carne de burro, contó que “se están haciendo pruebas experimentales” y reveló: “Fue un éxito rotundo”. pic.twitter.com/qWW3l9Xru8
El contexto es determinante. Hoy, la relación de precios marca el cambio en el consumo:
La diferencia es clara: la carne de burro cuesta menos de la mitad que la vacuna.
En paralelo, los datos del sector muestran que el consumo de carne vacuna cayó a unos 47 kilos por habitante al año, el nivel más bajo en más de dos décadas.

El fenómeno todavía es acotado, pero funciona como señal. En un país históricamente atravesado por el consumo de carne vacuna, la aparición de este tipo de alternativas refleja un cambio más profundo.
No se trata de una moda ni de una innovación del mercado. Es la consecuencia de una caída del poder adquisitivo que obliga a reconfigurar el consumo.
Y en ese escenario, incluso los hábitos más arraigados empiezan a correrse.