El presidente Javier Milei volvió a intervenir en el debate económico con un mensaje en redes sociales en el que elogió un análisis basado en evidencia empírica sobre procesos de desinflación.
“TREMENDA CLASE EMPÍRICA”, escribió, al destacar el trabajo difundido por la periodista Julieta Tarrés, a partir de una investigación académica sobre 108 episodios de desinflación en distintos países.
La paradoja es que el estudio original pertenece a Fernando Morra, exviceministro de Economía durante la gestión de Martín Guzmán. Es decir, Milei terminó ponderando —aunque sin mencionarlo— el trabajo de un exfuncionario del gobierno anterior, con el que mantiene fuertes diferencias.
TREMENDA CLASE EMPÍRICA.
— Javier Milei (@JMilei) April 16, 2026
Aquí se nota la diferencia entre los que trabajan seriamente, buscando datos y material riguroso y los brutos que opinan sin fundamento alguno.
CIAO!
PD: ayer una bestia decía que si la inflación sube por caída en la demanda de dinero es negar la… https://t.co/rnqimltm1t
La investigación, titulada “Moderando inflaciones moderadas”, analiza experiencias internacionales de países que atravesaron procesos inflacionarios intermedios y buscaron estabilizarlos.
El estudio identifica 108 episodios de inflación moderada en 76 países entre 1960 y 2011 y establece un patrón central: la desinflación no suele ser rápida ni lineal.
De hecho, los datos muestran que:
En ese marco, la conclusión que destacó Tarrés —y que Milei celebró— es contundente: los procesos de desinflación requieren tiempo y consistencia, y rara vez se resuelven de forma inmediata.
El trabajo de Morra plantea que el principal desafío no es solo bajar la inflación, sino coordinar expectativas en la economía.
Según el estudio, “las transiciones lentas se fundamentan en la necesidad de disminuir el crecimiento de precios sin sacrificar otras variables importantes del bienestar económico”.
Así, la estabilidad depende de señales claras —como el tipo de cambio o metas de inflación— que permitan alinear el comportamiento de precios, salarios y contratos.
En tanto, uno de los mayores obstáculos es la indexación: cuando precios y salarios se ajustan automáticamente por inflación pasada, la inercia inflacionaria se vuelve difícil de quebrar.
Por otro lado, subraya que reducir la inflación implica también resolver desequilibrios fiscales, ya que el financiamiento vía emisión (señoreaje) suele estar en la base del problema.
Uno de los hallazgos más interesantes del estudio es que no hay evidencia concluyente de que la desinflación siempre implique recesión.
En el 51% de los casos analizados, el crecimiento durante la desinflación fue igual o mayor al histórico. Tampoco hay una relación clara entre velocidad de desinflación y costo económico.
Esto contradice parcialmente la idea tradicional de que bajar la inflación necesariamente implica una caída fuerte de la actividad.
El episodio dejó una paradoja política evidente. Fernando Morra no solo fue funcionario del gobierno anterior, sino que además tuvo un rol clave en el diseño de la política económica durante una etapa de alta inflación.
Otra paradoja: Morra realizó este trabajo en el 2014 pero falló a la hora de llevarlo a la práctica cuando fue el número dos de Guzmán. Moderar las inflaciones moderadas no es tan fácil. Del texto al hecho, hay un trecho.
Tras su paso por el Gobierno, Morra continuó su actividad en el ámbito privado como Director de Análisis Macroeconómico en Suramericana Visión, un centro de estudios vinculado al propio Guzmán.
Cuando @Martin_M_Guzman me ofreció acompañarlo en @Economia_Ar sabía que la tarea era desafiante, pero no dude en aceptar. Los que lo conocemos sabemos de sus convicciones, dedicación, profesionalismo y honestidad. Nunca nos defraudó https://t.co/BQJgD4qBYr
— Fernando Morra (@fmmorra) July 3, 2022
Más allá del reconocimiento reciente que generó su trabajo académico, Morra fue crítico del enfoque de estabilización impulsado por Javier Milei, especialmente en relación con los tiempos y la secuencia del programa.
Uno de sus cuestionamientos centrales apunta al diseño inicial del programa. Según planteó, en la primera etapa de cualquier plan de estabilización: “No podés prometer al mismo tiempo que vas a hacer un ajuste fiscal, acumular reservas y bajar la inflación”.
Morra sostiene que los programas exitosos suelen tener una fase inicial poco visible, donde se ordenan variables clave antes de anunciar formalmente el plan. En su visión, el Gobierno “se salteó” esa instancia y avanzó directamente con medidas de alto impacto —como la devaluación y el ajuste— esperando una rápida desaceleración inflacionaria.
Por otro lado, Morra entiende que Milei no pudo romper la persistencia de la indexación en contratos, salarios y precios. Esto genera un “piso” elevado que dificulta la desaceleración
Morra estructura su análisis en dos fases:
Su crítica es que el Gobierno intentó avanzar directamente hacia la segunda sin consolidar la primera, lo que derivó en inconsistencias.