El 18 de abril de 2008, el entonces expresidente Néstor Kirchner presentó la lista para conducir el Partido Justicialista (PJ), en un movimiento clave para reordenar el peronismo y consolidar el poder político en torno al oficialismo.
A casi dos décadas de ese episodio, el armado refleja un momento de alta tensión interna y externa, atravesado por el conflicto entre el Gobierno y el sector agropecuario que golpeaba a la gestión de Cristina Kirchner.
La lista que encabezó Kirchner fue diseñada con un objetivo claro: contener a la mayor cantidad posible de sectores del peronismo. En esa lógica, los gobernadores tuvieron un rol central.
Entre las principales figuras se destacaron:
El diseño combinó dirigentes con peso territorial, sindical y político, buscando equilibrio entre renovación y estructura tradicional. En paralelo, el entonces jefe de Gabinete Alberto Fernández ocupó la estratégica Secretaría General, mientras que Julio De Vido también fue incorporado a la conducción.
Kirchner apostó además a una “oxigenación” del partido, incorporando figuras emergentes como Juan Cabandié, junto a gobernadores jóvenes como Juan Manuel Urtubey, y dirigentes provinciales que comenzaban a ganar protagonismo.
Uno de los nombres más resonantes que no integró la lista fue el de Roberto Lavagna, exministro de Economía. Aunque formalmente se habló de una “autoexclusión”, en el oficialismo circularon versiones cruzadas sobre su salida, que evidenciaban tensiones internas.
Tampoco lograron lugares de peso dirigentes de la rama femenina que sonaban para la cúpula, como Patricia Vaca Narvaja y Cristina Álvarez Rodríguez, quienes finalmente quedaron como vocales.
En el plano sindical, el armado dejó afuera a las 62 Organizaciones Peronistas, vinculadas a Gerónimo Venegas, en un claro gesto político en medio del conflicto con el campo.

Mientras el kirchnerismo avanzaba con su lista de unidad, otro sector del peronismo intentó disputar el control del partido. La facción vinculada a los hermanos Rodríguez Saá presentó una nómina alternativa, encabezada por Héctor Maya.
Sin embargo, esa lista -referenciada en el Frejuli- no logró cumplir con los requisitos formales exigidos por la carta orgánica partidaria, como los avales necesarios de afiliados y dirigentes territoriales.
El conflicto terminó judicializándose, en una muestra más de la fragmentación interna del PJ en ese momento.

Finalmente, el 22 de abril de 2008, la jueza María Servini de Cubría avaló el proceso y confirmó a Kirchner como presidente del PJ.
La decisión dejó sin efecto la interna prevista para mayo y permitió su asunción inmediata al frente del partido, cerrando una intervención judicial que se extendía desde 2005.
El fallo también desestimó los planteos de la lista opositora, consolidando el control del kirchnerismo sobre la estructura partidaria.
El armado del PJ no puede entenderse sin el contexto político de ese momento. En abril de 2008, el Gobierno de Cristina Kirchner atravesaba uno de sus momentos más delicados: el conflicto con el sector agropecuario por la Resolución 125.
Las protestas rurales, los cortes de ruta y la fuerte polarización social ponían en jaque la gobernabilidad. En ese escenario, la conducción del PJ se transformó en una herramienta clave para sostener políticamente a la Presidenta.
La estrategia de Kirchner fue clara: consolidar el partido como un “escudo” frente a las tensiones externas y evitar que el peronismo se convirtiera en una plataforma de oposición interna.

Detrás del armado también había una lógica de poder de largo plazo. La conducción del PJ buscaba impedir que, ante eventuales debilidades del Gobierno, emergiera un peronismo alternativo.
El propio diseño de la lista -con fuerte presencia de gobernadores, sindicalistas y dirigentes alineados- apuntaba a blindar el liderazgo kirchnerista y garantizar cohesión en un momento de incertidumbre.