En un contexto político marcado por denuncias y cruces internos, el PRO decidió volver a la carga con el proyecto de Ficha Limpia en el Senado. La iniciativa, que ya fracasó en dos oportunidades, busca impedir que personas con condenas confirmadas en segunda instancia por corrupción, narcotráfico u otros delitos graves puedan ser candidatas o ejercer cargos públicos.
La jugada no es casual: se da en medio del impacto político por el escándalo que rodea al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, investigado por presunto enriquecimiento ilícito.
El relanzamiento del proyecto también funciona como una señal política hacia el espacio de Javier Milei. Desde el PRO buscan diferenciarse y posicionarse como garantes de la transparencia institucional, en un momento donde el oficialismo enfrenta cuestionamientos.

“El Estado no es refugio”, remarcaron desde el bloque macrista, al tiempo que insistieron en que la integridad debe ser un requisito innegociable para ocupar cargos públicos.
El proyecto actualizado no solo retoma el espíritu original, sino que amplía su alcance. Incorpora nuevos delitos que antes no estaban contemplados y propone la creación de un Registro Público en la Cámara Nacional Electoral para garantizar su aplicación automática.
La iniciativa apunta a responder a un reclamo social creciente contra la corrupción y a reforzar los mecanismos de control sobre quienes aspiran a cargos de poder.
Ficha Limpia ya tuvo dos intentos fallidos en el Congreso. En el primero, la falta de quórum en Diputados —atribuida a la ausencia de legisladores libertarios— generó fuertes críticas del PRO hacia La Libertad Avanza.
En el segundo intento, el proyecto quedó a solo un voto de convertirse en ley en el Senado. La caída de la iniciativa desató una fuerte interna política, con acusaciones cruzadas entre Mauricio Macri y el oficialismo.
Macri llegó a responsabilizar directamente al Gobierno por el fracaso, mientras que Milei rechazó esas acusaciones y denunció supuestos acuerdos entre el macrismo y el kirchnerismo.
En el trasfondo del debate aparece también la figura de Cristina Fernández de Kirchner. El proyecto había sido interpretado como una herramienta para impedir su eventual candidatura, lo que tensó aún más el escenario político.
Las sospechas de acuerdos y estrategias cruzadas marcaron el debate legislativo y dejaron heridas abiertas entre los principales espacios opositores y oficialistas.
La reaparición de Ficha Limpia coincide con un momento delicado para el Gobierno. La situación judicial de Adorni y su proyección política —impulsada por Karina Milei— agregan presión a la Casa Rosada.

En este contexto, el PRO busca capitalizar el debate y reinstalar una agenda centrada en la transparencia. Sin embargo, el futuro del proyecto vuelve a depender de una aritmética parlamentaria compleja y de acuerdos políticos que, hasta ahora, han resultado esquivos.
Con un Congreso fragmentado y tensiones en aumento, Ficha Limpia regresa al centro de la escena como una prueba clave para la dirigencia política y su compromiso con reglas de juego más estrictas.
ND