Con una determinación palpable y una pasión que contagia, Constanza Galfrascoli compartió su recorrido desde sus primeros giros hasta sus próximos desafíos, incluyendo su gran anhelo: participar en los Juegos Olímpicos. El camino de Constanza hacia la gimnasia artística no fue directo.
Probó hockey, natación y equitación, pero fue en el agua donde un comentario cambió su vida. "Un día en natación yo daba muchas vueltas, medialunas verticales y mi entrenadora me dice, 'Acá enfrente tenés un gimnasio'", recordó.
Esa visita fue el punto de inflexión. "Fui, probé y bueno, no me fui más". Lo que más la cautivó de inmediato fue "el volar y dar vueltas por el aire, que lo demás no me lo daba", una sensación de libertad que se convirtió en su motor.
Constanza se especializa en la gimnasia artística, que implica piruetas y acrobacias en cuatro aparatos: suelo, salto, paralelas asimétricas y viga. Su favorito es el suelo, una disciplina que combina potencia de piernas con una profunda expresión artística.
"Hacés coreografía con una música que dura un minuto y medio y bailás con tu propio... Se llama libre", explicó, destacando la importancia de la musicalidad y las acrobacias. Aunque la evaluación considera detalles técnicos como la altura y la caída, también existe un componente subjetivo en lo artístico.
En el panorama mundial, Constanza admira a gigantes como Simone Biles, la estadounidense que "siempre fue la más inspiradora", y a la rusa Anguelina Mélnikova por su elegancia. También mencionó a la brasileña Rebeca Andrade. Para ella, Estados Unidos es, sin dudas, la potencia dominante en la gimnasia artística.
"Tienen mucha cantidad de deportistas, tienen talento desde muy chicas... les sale todo muy bien, hacen todo bien", sentenció, reconociendo la distancia que aún separa a Argentina de ese nivel de excelencia.
"Es otro mundo de la gimnasia", reflexionó sobre la brecha. Para que Argentina pueda consolidarse en torneos internacionales, Constanza señala la necesidad de "más dificultad" en las series y, sobre todo, una mayor consistencia. "Ellas tienen mucha repetición de todo el tiempo, todo lo difícil que hacen lo hacen bien", analizó, apuntando a la impecable ejecución y la baja tasa de errores de las gimnastas de élite.
A pesar de los desafíos, Galfrascoli ha tenido experiencias internacionales enriquecedoras. Su primer sudamericano juvenil en Bariloche en 2023 y el Panamericano en Santa Marta en 2024 fueron instancias cruciales.
Su debut en Europa, en Luxemburgo, la dejó "muy contenta", logrando un cuarto puesto por equipos y una final de suelo individual, a pesar de competir con países con un nivel superior. Curiosamente, el aparato que más le cuesta es "paralelas", una relación de "amor odio" por su dificultad y la exigencia de fuerza y coordinación.
La relación con su entrenadora, Vanesa Molina, es fundamental. "Tengo confianza, primero es muy importante... siempre que la necesito está", afirmó Constanza, destacando el rol de la entrenadora en brindar seguridad y apoyo en los ejercicios más desafiantes.
Su sueño a largo plazo, como el de muchos deportistas, son los Juegos Olímpicos. A mediano plazo, aspira a un Mundial o una Copa del Mundo. Este año, sus objetivos incluyen los Odesur y el Sudamericano, para los cuales deberá clasificar primero en el equipo nacional.
Para aquellas madres que dudan en inscribir a sus hijas en gimnasia, Constanza tiene un mensaje claro: "Que la lleve. Y obviamente si a la nena le gusta dar vueltas es su lugar... y es más seguro, es preferible gimnasia artística a que dé vueltas en la casa". La clave, reitera, es que a las niñas "les guste saltar y volar", condición indispensable para este deporte.
Constanza Galfrascoli representa el presente y el futuro de la gimnasia argentina, una joven talentosa y disciplinada que, con cada giro y cada salto, se acerca un poco más a su gran sueño olímpico.