El gobierno de Javier Milei enfrenta un freno en su ambicioso plan legislativo tras el resurgimiento de tensiones internas que habían quedado en pausa durante el verano. Las diferencias entre el sector que responde a Karina Milei y el armado político de Santiago Caputo comenzaron a impactar directamente en la gestión y en la velocidad de las reformas prometidas.
La meta presidencial de convertir a 2026 en “el año más reformista de la historia”, con el envío de una batería constante de proyectos al Congreso, choca con una realidad más fragmentada. La coexistencia de múltiples equipos técnicos y políticos genera demoras, superposición de criterios y dificultades para ordenar una agenda común.
Hasta ahora, el oficialismo solo logró avanzar con modificaciones en la Ley de Glaciares, un número muy por debajo de las expectativas iniciales. En el entorno legislativo reconocen que los tiempos se dilatan, aunque relativizan el impacto y atribuyen las demoras a “trabas burocráticas”.
Las diferencias internas se reflejan con claridad en iniciativas clave. La reforma del Código Penal, por ejemplo, quedó empantanada tras cambios impulsados por Juan Bautista Mahiques y Santiago Viola, que modificaron el trabajo previo de Mariano Cúneo Libarona y Sebastián Amerio.
El mismo esquema se repite con la reforma política. Mientras el sector cercano a Santiago Caputo impulsa cambios de fondo, el ala que responde a Karina Milei propone un enfoque más acotado, centrado en eliminar las PASO y redefinir el financiamiento de los partidos.

En este contexto, el jefe de Gabinete Manuel Adorni retomó las reuniones de coordinación para ordenar la agenda y destrabar proyectos como la modificación de la Ley de Salud Mental y la normativa sobre pensiones por invalidez. Sin embargo, su propia situación judicial también condiciona el escenario político.
La tensión interna dejó de ser un secreto. El cruce en redes entre la diputada Lilia Lemoine y el influencer libertario Daniel Parisini expuso públicamente una disputa que hasta ahora se manejaba puertas adentro. En el trasfondo aparece el cuestionamiento a figuras como Sebastián Pareja y el armado territorial vinculado a la secretaria general.
Con un año electoral en el horizonte y la reelección como objetivo, el oficialismo enfrenta un desafío doble: sostener la iniciativa política y ordenar su propia interna. El llamado “Triángulo de Hierro” muestra fisuras, y la incógnita ya no es solo cuántas reformas se aprobarán, sino si el Gobierno podrá alinear su conducción para avanzar.