21/04/2026 - Edición Nº1169

Política

19 de abril de 2002

Dólar, pánico y Duhalde acorralado: a 24 años del feriado bancario indefinido

19/04/2026 | El feriado bancario se extendió por cuatro días pero el cambiario siguió. Largas filas en las entidades. Marcó el arribo de Roberto Lavagna.



Se cumplen 24 años de uno de los episodios más críticos de la crisis económica argentina: el anuncio del Banco Central y del gobierno de Eduardo Duhalde de establecer un feriado bancario y cambiario por tiempo indeterminado, en medio de una corrida que amenazaba con hacer colapsar al sistema financiero.

La decisión, comunicada el 19 de abril de 2002, fue una respuesta directa a la fuga masiva de depósitos y a la presión de las entidades financieras para avanzar con un nuevo Plan Bonex.

Lejos de ser una medida aislada, aquel feriado sintetizó el nivel de desconfianza, tensión y fragilidad que atravesaba la economía tras el estallido de 2001. Con bancos al borde de la quiebra, ahorristas desesperados y un dólar en plena escalada, la administración duhaldista intentó ganar tiempo para reordenar un sistema que se desmoronaba.

Un ultimátum del sistema financiero

El feriado bancario y cambiario fue decretado por el Banco Central en un contexto de imparable fuga de depósitos, agravada por los recursos de amparo judicial que permitían a los ahorristas retirar su dinero pese a las restricciones del “corralito”. En apenas dos semanas, habían salido 1.450 millones de pesos, y unos 350 millones en un solo día.

La medida no solo respondió a la presión del mercado, sino también a un ultimátum explícito de los bancos, que amenazaban con no abrir sus puertas ante la falta de liquidez. Varias entidades estaban al borde de no poder operar, en un escenario donde las casas matrices extranjeras se resistían a capitalizar sus filiales en el país.

El objetivo era claro: forzar al Congreso a aprobar la llamada Ley Bonex 2002, que proponía canjear depósitos por bonos para frenar la sangría de fondos.

Corrida, desconfianza y dólar en alza

El clima de pánico fue inmediato. Como en los peores días de la crisis, se registraron largas filas en cajeros automáticos y casas de cambio. La incertidumbre impulsó una nueva escalada del dólar, que cerró en torno a los 3,15 pesos en operaciones oficiales y hasta 3,30 en el mercado libre.

La presión cambiaria reflejaba la pérdida total de confianza en el sistema. Los exportadores dejaron de liquidar divisas y la intervención del Banco Central resultó insuficiente para contener la suba. En apenas una semana, la moneda estadounidense acumulaba un aumento cercano al 15%.

Bancos al límite y riesgo de quiebras

La fragilidad del sistema quedó aún más expuesta con la suspensión del Scotiabank Quilmes por falta de liquidez, una señal de alarma sobre posibles quiebras en cadena. En ese contexto, circularon rumores sobre otras entidades en problemas, que incluso obligaron a desmentidas públicas de bancos como el BBVA Banco Francés.

El trasfondo era estructural: tras la pesificación y la devaluación, muchas entidades quedaron técnicamente quebradas. Así, la conversión de créditos en dólares a pesos en una relación uno a uno implicó pérdidas significativas para el sistema.

El rol del Estado y la presión por el Plan Bonex

Hasta ese momento, el Banco Central había inyectado cerca de 5.000 millones de pesos para sostener a las entidades. Sin embargo, su titular, Mario Blejer, se negó a continuar con esa asistencia para evitar una espiral inflacionaria.

Ante ese límite, los bancos redoblaron la presión para implementar el Plan Bonex. El Gobierno, que inicialmente mostraba resistencias, terminó cediendo ante el riesgo de un colapso generalizado.

La iniciativa no solo buscaba frenar la fuga, sino también abrir paso a una reestructuración profunda del sistema financiero, que incluía posibles fusiones de bancos públicos y la creación de nuevas herramientas de salvataje.

Mario Blejer

Cinco días que marcaron un quiebre

Aunque fue anunciado como “por tiempo indeterminado”, el feriado bancario se extendió durante cinco días hábiles, desde el lunes 22 hasta el viernes 26 de abril de 2002. Durante ese período, todas las operaciones bancarias quedaron suspendidas, incluidas acreditaciones de salarios y pagos a jubilados.

La reapertura se produjo tras la aprobación de la normativa impulsada por el Ejecutivo, que endureció las condiciones para retirar depósitos. En paralelo, se produjo un cambio clave en el equipo económico: Roberto Lavagna asumió el 27 de abril en reemplazo de Jorge Remes Lenicov.

El feriado cambiario, a diferencia del bancario, se extendió más allá de esos días mientras el nuevo equipo económico definía medidas para contener el dólar. La economía seguía en estado crítico, con una recesión prolongada, alta conflictividad social y un sistema financiero profundamente dañado.

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