21/04/2026 - Edición Nº1169

Opinión


Radiografía de las internas mileístas

Karina, Caputo y el centro del poder

19/04/2026 | Karina llega a esta etapa con un activo importante: ganó la pelea por las listas en 2025 y consolidó su control sobre el partido.



La interna libertaria volvió a la superficie en abril y dejó de parecer un ruido lateral. El dato más visible es la reaparición del conflicto entre Karina Milei y Santiago Caputo, los dos vértices del poder que rodean a Javier Milei. En el medio: el factor Adorni. En la Casa Rosada reconocen que la mesa política convocada convive con diferencias sobre cómo manejar la crisis de corrupción, cómo ordenar la gestión y cómo procesar el desgaste del Gobierno. En ese contexto, varios funcionarios hablan de lentitud, empantanamiento y falta de hoja de ruta clara.

Karina llega a esta etapa con un activo importante: ganó la pelea por las listas en 2025 y consolidó su control sobre el partido. Esa victoria le dio poder sobre la estructura formal de La Libertad Avanza, sobre los armadores territoriales y sobre el reparto de lugares. Santiago Caputo conservó influencia en áreas sensibles del Estado y en el dispositivo comunicacional y digital, pero su capacidad de ordenar el frente político quedó más discutida. La tensión entre ambos reapareció en los últimos días con un síntoma bastante claro: el conflicto ya no circula sólo en los despachos, también baja a las redes, a los streamings y a la militancia libertaria.

La guerra digital y la pelea por la autoridad

Ese desborde se vio con fuerza en la pelea entre Lilia Lemoine y el ecosistema de “Las Fuerzas del Cielo”, que responde a Caputo. Detrás del cruce por Villarruel, Marcela Pagano y Sebastián Pareja apareció la discusión más de fondo: quién manda en La Libertad Avanza y quién tiene autoridad para expulsar, señalar traidores o definir fidelidades. La causa judicial impulsada por Pareja contra tuiteros libertarios aceleró ese estallido. La discusión digital expuso, en lenguaje crudo, una disputa de poder que venía acumulando tensión desde hace meses.

La batalla bonaerense

La provincia de Buenos Aires concentra otro capítulo importante. Allí la pelea pasa por el control del bloque libertario y por la jefatura legislativa que hoy mantiene Agustín Romo, uno de los hombres de Caputo. Karina Milei, a través de Sebastián Pareja, busca desde fines del año pasado desplazarlo y colocar a Juan Osaba, un dirigente propio. La disputa sigue abierta, arrastra reproches viejos y se agravó por un episodio puntual: desde el entorno de Pareja le achacan a Romo no haber salido a defender a Karina cuando el peronismo la criticó en el recinto bonaerense. Esa pelea muestra algo más amplio: la organización partidaria y la representación legislativa todavía no responden a un mando unificado.

Adorni, el punto de coincidencia

En el medio de esas dos líneas de conflicto quedó Manuel Adorni. La crisis judicial y patrimonial que lo rodea obligó al Gobierno a blindarlo con reuniones, fotos y respaldo público. Karina y Santiago coincidieron en sostenerlo, y Javier Milei salió a respaldar a Caputo cuando crecían rumores sobre su salida del círculo íntimo. Esa secuencia dejó una imagen curiosa: unidad para evitar una caída, pero sin que desaparezcan las diferencias sobre cómo administrar el costo político del caso. En el propio Gobierno admiten que el impacto de Adorni afectó el ritmo de gestión y recargó la discusión interna sobre prioridades.

Villarruel, adentro y afuera

Victoria Villarruel sigue ocupando otro lugar dentro de esta radiografía. Ya no forma parte del triángulo que decide, pero sigue funcionando como un factor de tensión para la Casa Rosada y como referencia para sectores libertarios desencantados o alejados del núcleo duro. Su figura aparece de manera recurrente en las discusiones del mileísmo digital y en las acusaciones cruzadas entre dirigentes. La vicepresidenta opera como frontera externa e interna al mismo tiempo: está adentro del Gobierno y afuera del esquema de confianza que ordenan los Milei y Caputo.

Un poder más fragmentado

Javier Milei sigue siendo el árbitro final de ese sistema. Respaldó a Caputo en público, Karina mantiene el control partidario y Adorni conserva centralidad política pese a su desgaste. El problema es otro: el oficialismo ya no se mueve con la velocidad compacta que mostró en otros tramos. La estructura quedó partida en capas —partido, gestión, militancia digital, bloques legislativos, círculo presidencial— y cada una responde a jerarquías distintas. Esa fragmentación todavía no produjo una ruptura formal. Sí produjo una forma de gobierno más lenta, más áspera y más expuesta a que cada crisis termine revelando, otra vez, quién manda en cada lugar y hasta dónde llega ese mando.

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