La posibilidad de que existan ejemplares zurdos y diestros de hornero es la sorprendente teoría que barajan científicos locales. Tras publicar hallazgos en la revista Current Biology, investigadores revelan que la arquitectura del nido estaría condicionada por una posible lateralidad. Esto sugiere que habría aves con una marcada predisposición para usar un lado del cuerpo.

El equipo, liderado por Nicolás Adreani y Lucía Mentesana, apuesta al aporte de la población para resolver esta incógnita. Buscan entender qué ocurre cuando el entorno le impone un desafío físico al pájaro constructor. Los indicios previos señalan que el sitio de anidación condiciona la forma de la casa de manera inesperada para la ciencia.
Al analizar miles de fotografías, los expertos descubrieron que la ubicación de la puerta queda forzada por las estructuras cercanas. Sin embargo, el estudio reveló algo contradictorio: aunque usar una pared ahorraría tiempo y barro, es una conducta poco frecuente. Solo el 15% de los nidos analizados estaban pegados a un objeto sólido externo.

La hipótesis principal es que la genética o el aprendizaje definen si el ave prefiere construir hacia un lado. Si un hornero diestro debe hacer su puerta a la izquierda por falta de espacio, se enfrenta a un conflicto cognitivo. Existe una interacción compleja entre las capacidades del ave y las propiedades físicas del terreno elegido.
El proyecto Hornero 2.0 busca ahora entender los tiempos de construcción y qué factores disparan el inicio de la obra. En un contexto de crisis climática, los patrones de lluvias están cambiando y esto afecta el barro disponible. Los investigadores quieren determinar cuánto influyen el calor y el agua en este proceso vital.

Para participar, el equipo invita a habitantes de toda la región a convertirse en "inspectores de obra" de estos nidos. Aunque los nidos viejos aportan datos, la prioridad actual es el seguimiento de los procesos de construcción nuevos. La colaboración ciudadana es la pieza fundamental para alcanzar resultados estadísticos que sean realmente sólidos.
Los interesados deben registrar los avances de las construcciones a través de una aplicación móvil de uso sencillo. Si se observa a un ejemplar llevando barro, la clave es anotar el progreso semanalmente en la plataforma. Los ciudadanos que aporten datos valiosos serán incluidos como coautores en futuras publicaciones científicas internacionales.

El hornero fue declarado ave nacional en 1928 y convive permanentemente con nosotros en entornos rurales y urbanos. Sin embargo, todavía queda mucho por aprender sobre sus decisiones arquitectónicas y su comportamiento ante el entorno. La observación atenta de la comunidad permitirá descifrar finalmente los misterios de esta especie tan emblemática.
El proyecto mantiene una comunidad activa en redes sociales bajo el usuario @nidohorneros en Instagram, Facebook y X. Allí se comparten curiosidades, fotos enviadas por la gente y avances de las investigaciones en tiempo real. Es una oportunidad única para conectar con la naturaleza y contribuir al conocimiento científico regional.