El gobierno de Javier Milei ajusta su estrategia para enfrentar una sesión que anticipa como hostil en la Cámara de Diputados, donde el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, deberá presentar su informe de gestión el próximo 29 de abril. Con más de 4.500 preguntas acumuladas y una oposición decidida a confrontar, el oficialismo habla sin rodeos de una “guerra” parlamentaria.
En la previa, en Casa Rosada analizan cómo posicionar a Manuel Adorni frente a un escenario atravesado por las denuncias judiciales sobre su patrimonio. La idea de “blindarlo” incluye una fuerte presencia política en el recinto, con el posible acompañamiento de Javier Milei, Karina Milei y ministros del gabinete.
El equipo del jefe de Gabinete también despliega una ofensiva paralela: revisar declaraciones juradas de diputados opositores para exponer inconsistencias y responder con el mismo nivel de confrontación. La lógica es clara: si hay ataques, habrá contraataques.
El punto más delicado no es solo el contenido del informe, sino el tono que adoptará Manuel Adorni. Dentro del oficialismo conviven dos posturas: una más combativa, que propone ir al choque directo con la oposición, y otra más cauta, que busca evitar escenas que puedan escalar fuera de control.
Cerca del funcionario aseguran que se verá un “Adorni auténtico”, sin retroceder ante las críticas pero intentando no caer en provocaciones. Sin embargo, el riesgo está latente: un cruce en vivo puede desbordar la sesión y terminar perjudicando más de lo que ordena.

En ese contexto, aparece una alternativa que nadie descarta del todo: repetir la jugada de Guillermo Francos, quien el año pasado abandonó el recinto en medio de acusaciones cruzadas. “No es la idea, pero puede pasar”, admiten en el oficialismo.
Mientras tanto, Manuel Adorni ya definió una línea: las respuestas sobre su situación judicial las dará en tribunales, no en el Congreso. Esa decisión marca un límite claro, pero también anticipa uno de los focos de mayor tensión en una sesión que promete ser explosiva.
Con la interna oficialista de fondo y la presión opositora en aumento, el Gobierno se juega más que un informe: pone a prueba su capacidad de control político en el momento más incómodo de la gestión.