Una señal mínima, casi imperceptible, volvió a aparecer en los envoltorios de droga y encendió las alarmas de los investigadores. No era un detalle cualquiera: las cintas de colores que identificaban las sustancias remitían a la mítica banda comandada por Marco Antonio Estrada Gonzáles, y que parecía haber quedado en el pasado. Pero no. En el corazón del barrio 1-11-14, ese sello sigue activo.
La pista surgió en el marco de una investigación de la Unidad Fiscal Especializada en Delitos vinculados a Estupefacientes (UFEIDE), a cargo de Cecilia Amil Martín. Todo comenzó con el seguimiento de un sospechoso por venta al menudeo en la Manzana 26 del Barrio Ricciardelli. La clave estuvo en su celular: al analizarlo, los investigadores lograron identificar a su proveedor, un eslabón superior dentro de la red.
Ese segundo sospechoso, un ciudadano paraguayo de 29 años, operaba desde una casa de tres plantas ubicada en el mismo barrio. La hipótesis era clara: allí funcionaba un punto de acopio y distribución de droga.
En paralelo, efectivos de la Policía de la Ciudad detectaron a dos personas vendiendo estupefacientes en la vía pública, a pocos metros de ese domicilio. Al detenerlos, encontraron algo que no pasó desapercibido: los envoltorios tenían un sistema de clasificación que ya había sido detectado en investigaciones anteriores.
Los paquetes estaban marcados con cintas de colores. Negro para pasta base, rojo para cocaína y verde para marihuana. Era el mismo código que utilizaba la banda narco que lideró "Marcos" y que luego mantuvieron sus sucesores en el barrio.
El dato reorientó la investigación. No se trataba solo de un punto de venta, sino de una estructura que replicaba métodos de una organización con antecedentes en la zona.
Mientras la UFEIDE avanzaba con el pedido de allanamiento, se produjo un nuevo episodio que terminó de cerrar el cerco. Un sospechoso que vendía droga en la calle fue perseguido por la Policía y, en su intento de fuga, se refugió en la casa del proveedor investigado.
Cuando los agentes ingresaron, encontraron más de 600 envoltorios con estupefacientes, todos identificados con el mismo sistema de cintas de colores. El hallazgo confirmó la sospecha: el lugar funcionaba como un punto clave dentro de la red.

Con ese respaldo, la Justicia ordenó el allanamiento del inmueble. El procedimiento se realizó días después y permitió secuestrar más droga clasificada bajo el mismo patrón, además de detener al proveedor, quien en las últimas horas quedó con prisión preventiva.
Estrada González fue condenado en la Argentina a 24 años de prisión por liderar una organización dedicada al tráfico de estupefacientes y acopio de armas. Sin embargo, en mayo de 2022 fue expulsado del país bajo la figura de extrañamiento, una medida que, según los investigadores, no terminó de desarticular la influencia de su red en el territorio.
Lejos de quedar fuera del radar, su historia tuvo un nuevo capítulo poco tiempo después. Tras recuperar la libertad en Perú, donde se instaló luego de su expulsión, el capo fue detenido nuevamente en septiembre de 2023 en Lima, acusado de lavado de dinero en una causa que también involucró a miembros de su familia. Ese dato refuerza una hipótesis que sobrevuela en cada investigación en la 1-11-14: más allá de las caídas y cambios de mando, el modelo que impuso “Marcos” sigue operando en el barrio.