La Legislatura bonaerense atraviesa una parálisis inédita: hace casi cinco meses que no logra ponerse en marcha por la interna del peronismo. La falta de acuerdo entre los distintos sectores impide conformar las comisiones y deja al recinto sin actividad efectiva desde el inicio del año.
El conflicto expone las tensiones dentro del oficialismo que responde a Axel Kicillof, donde conviven —y chocan— el kirchnerismo, el massismo y el llamado “axelismo”. El resultado es un sistema legislativo bloqueado, con proyectos que ingresan pero no avanzan.
Desde la Gobernación, el malestar es creciente. El ministro de Gobierno, Carlos Bianco, apuntó en reiteradas ocasiones contra la Legislatura por la falta de avances, en especial en leyes vinculadas a seguridad, salud y financiamiento.

Sin embargo, la oposición retruca con otro diagnóstico: la parálisis no es institucional sino política. Desde el PRO, el senador Pablo Petrecca fue directo: responsabilizó al oficialismo por no poder ordenar su propia interna y advirtió que la falta de funcionamiento ya “cruzó un límite”.
En el fondo, la disputa gira en torno a un eje concreto: el control de las comisiones clave. “Nadie quiere soltar la birome”, admitió un legislador peronista, sintetizando la lógica de poder que domina la escena.
La comisión de Reforma Política aparece como el principal botín, mientras que Presupuesto y Legislación General también generan tensiones. En el Senado, la pelea escala al punto de que la vicegobernadora Verónica Magario evalúa intervenir para destrabar la situación.
Con el calendario avanzando y sin señales claras de resolución, la Legislatura bonaerense se convierte en el reflejo más crudo de una interna que no solo divide al peronismo, sino que empieza a impactar directamente en la gestión y en la capacidad de gobernar.