22/04/2026 - Edición Nº1170

Entretenimiento

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El día que Blockbuster salvó a Netflix sin saberlo y rechazaron pagarles 50 millones

22/04/2026 | Reed Hastings fundó su empresa en los 90 con la idea de inventar un nuevo sistema de alquiler de películas. La burbuja del Puntocom casi le cuesta el proyecto.



La historia del entretenimiento cambió para siempre en una oficina de Dallas en el año 2000, impulsada por un fenómeno económico devastador: la burbuja de las puntocom. Durante finales de los 90, el mercado vivió una euforia desmedida donde cualquier proyecto con un dominio de internet recibía inversiones millonarias, sin importar si generaba ganancias reales. Sin embargo, esta especulación terminó en un estallido que dejó a las empresas tecnológicas sin financiamiento de la noche a la mañana. Netflix, que operaba bajo un modelo de gasto agresivo para captar clientes, se encontró de repente con la "canilla cerrada" y una pérdida anual que superaba los 57 millones de dólares.

Ante la quiebra inminente, Reed Hastings y Marc Randolph buscaron un salvavidas en su mayor competidor: Blockbuster. La propuesta era clara: Netflix se convertiría esencialmente en el brazo digital de los gigantes del videoclub a cambio de 50 millones de dólares. Lo que hoy parece una cifra irrisoria, en aquel momento fue motivo de burla para John Antioco, CEO de Blockbuster, quien veía a Netflix como un pequeño nicho que apenas facturaba 5 millones de dólares frente a los casi 5.000 millones que su imperio generaba gracias a sus más de 7.000 tiendas físicas. En Netflix necesitaban esa inversión para quedar en cero.


Netflix nació como un servicio de alquiler de DVDs.

El desprecio de Blockbuster hacia el modelo digital se basaba en un dominio absoluto del mercado físico. El gigante de los alquileres dependía en gran medida de las multas por devoluciones tardías, un concepto que generaba unos 800 millones de dólares anuales pero que irritaba profundamente a los consumidores. Irónicamente, al rechazar la compra, Blockbuster obligó a Netflix a sobrevivir por su cuenta, forzándola a optimizar sus recursos y a perfeccionar el sistema de suscripción que terminaría por destruir el modelo de las tiendas de Blockbuster.

La suerte de ambas empresas terminó de sellarse en 2004, un año de contrastes totales. Mientras Netflix lograba ganancias netas por segundo año consecutivo y ahora superando los 20 millones de dólares, Blockbuster se separaba de su matriz, Viacom, cargando con una mochila de deuda asfixiante de aproximadamente 1.000 millones de dólares. Aunque intentaron reaccionar lanzando su propia plataforma online y alcanzando rápidamente los dos millones de suscriptores para 2006, la carga financiera heredada les impidió realizar las inversiones necesarias para frenar el crecimiento de la N roja.


La web de Blockbuster.

La debilidad económica de Blockbuster fue, en última instancia, el escudo protector de Netflix. Años después, reflexionando sobre esa competencia feroz, el propio Reed Hastings reconoció la ventaja que supuso el lastre financiero de su rival al afirmar ante la prensa: "Si no hubiera sido por su deuda, podrían habernos matado". Mientras Netflix invertía en el streaming, Blockbuster se veía obligada a destinar sus ingresos a pagar intereses y sostener una infraestructura física obsoleta que se desmoronaba ante el avance de la banda ancha.

El final de la crónica es conocido. En 2010, incapaz de afrontar sus compromisos financieros y habiendo llegado tarde a la revolución digital que pudo haber liderado, Blockbuster se declaró en bancarrota definitiva. Aquel pequeño emprendimiento que ofrecieron por 50 millones terminó convirtiéndose en una corporación valuada en cientos de miles de millones de dólares, demostrando que en la industria tecnológica, a veces el mayor favor que un gigante puede hacerle a un rival es subestimarlo y dejarlo solo.