El fenómeno cultural conocido como Hallyu ha dejado de ser una tendencia de nicho para transformarse en un pilar fundamental de la economía surcoreana. Según un reciente informe de la Motion Picture Association (MPA), el sector del cine, la televisión y el streaming en el país asiático generó un valor de 17.100 millones de dólares durante el año 2025. Este crecimiento explosivo demuestra que la capacidad de exportar historias universales, potenciada por éxitos globales como El juego del calamar, tiene un impacto directo y tangible en el Producto Interno Bruto de la nación.
Más allá de las cifras de facturación, la industria se ha consolidado como una maquinaria generadora de empleo, sosteniendo más de 291 mil puestos de trabajo el año pasado. En el ecosistema de producción coreano casi cuatro de cada cinco empleos pertenecen a pequeñas y medianas empresas. Al respecto, Charles Rivkin, presidente y director ejecutivo de la MPA, señaló que "la industria audiovisual de Corea del Sur se ha convertido en una de las más influyentes del mundo".

El éxito no es producto del azar, sino de una estrategia que combina el talento creativo con políticas estatales. Las exportaciones de contenido prácticamente se duplicaron desde 2019, alcanzando niveles históricos en 2024. Esta trayectoria ha convertido a Corea en un espejo para otros países, tal como afirmó Mila Venugopalan, directiva de la MPA para Asia-Pacífico, quien aseguró que "dondequiera que viajemos, los responsables políticos preguntan cómo lo hizo Corea", subrayando que el país se ha vuelto un modelo de referencia que muchos mercados ahora intentan imitar.
Grandes estudios y plataformas como Netflix, Disney+, Warner Bros. Discovery y Prime Video han tomado nota, intensificando sus inversiones en producciones locales. Esta inyección de capital extranjero no solo beneficia a las pantallas, sino que produce un efecto multiplicador sorprendente: por cada unidad monetaria generada directamente por la industria audiovisual, se crean más del doble en sectores relacionados. Lim O-Kyeong, miembro de la Asamblea Nacional coreana, resaltó esta evolución afirmando que "la industria de contenidos de video de Corea ha evolucionado más allá de la difusión global del Hallyu para convertirse en un motor clave de la economía nacional".

Con miras al futuro, el panorama sigue siendo optimista gracias a la constante innovación en formatos que van desde el K-pop hasta la animación y las series de alta gama. El compromiso de los creadores locales y el apoyo estatal han blindado a la industria frente a los cambios del mercado global. Corea del Sur ya no solo compite por la atención del público joven con su música o sus dramas, sino que se ha posicionado como un centro de producción estratégica global.