Durante décadas, fue sinónimo de invierno en la Argentina. Una marca que vistió generaciones, que atravesó crisis económicas, devaluaciones y cambios de modelo. Pero esta vez, el golpe parece distinto.
La empresa marplatense Textilana S.A., dueña de la marca Mauro Sergio, pidió la apertura de su concurso preventivo para evitar la quiebra, en medio de un escenario cada vez más adverso para la industria textil.
Con más de 45 años de historia, la firma comunicó que inició un proceso de “reordenamiento” para sostener su operación.
Detrás del eufemismo, el cuadro es más crudo: caída del consumo, avance de las importaciones y dificultades para financiarse.
“En el marco de la transformación que atraviesa la economía argentina y ante la contracción generalizada del consumo”, señaló la empresa en un comunicado, donde explicó que la decisión apunta a “garantizar la operatividad” y preservar la continuidad del negocio.
El deterioro no es nuevo. En noviembre, la empresa había suspendido a 175 trabajadores, pagando el 78% de los salarios. Durante meses, la actividad se redujo al mínimo.
“La situación es muy complicada. La gente ya no está gastando absolutamente nada”, describió Mauro Galván, integrante de la comisión interna.
El panorama se completa con otro factor clave: las importaciones.
“Se están cerrando las ventanas de crédito y entran productos a precios imposibles de competir”, advirtió.
El impacto es directo: cerca de 300 trabajadores dependen de la continuidad de la firma, en una ciudad donde la industria textil supo ser un motor clave.

Lo que ocurre con Mauro Sergio no es un caso aislado. Es el reflejo de una crisis más profunda.
La industria textil atraviesa uno de sus peores momentos:
El contraste con el resto de la industria también es fuerte: mientras el promedio general opera al 53,6%, el textil quedó muy por debajo.

En paralelo, las importaciones avanzan y presionan aún más al sector.
Solo en febrero ingresaron 12.800 toneladas de productos textiles por 32 millones de dólares, con un dato alarmante: muchos productos entran a precios por debajo del costo de producción local.
El informe sectorial advierte sobre casos extremos:
Más del 70% de los productos importados ingresan a valores históricamente bajos, generando una competencia que las fábricas locales no pueden sostener.