El Partido Justicialista de Santa Cruz puso en marcha su reorganización interna y convocó a elecciones para el 16 de agosto, en un intento por ordenar el espacio y proyectar una estrategia que le permita volver a competir contra el gobernador Claudio Vidal.
La decisión se tomó en un congreso partidario realizado en Caleta Olivia, donde también se resolvió la expulsión del diputado José Luis Garrido y la senadora Natalia Gadano, en medio de un proceso de depuración interna que busca alinear al espacio.

A más de un año de las elecciones provinciales, el peronismo santacruceño intenta reconstruirse tras la derrota de 2023. Las internas no definirán candidaturas, pero sí serán clave para consolidar liderazgos y ordenar una estructura golpeada.
Entre los nombres que empiezan a perfilarse aparece el intendente de Río Gallegos, Pablo Grasso, que viene trabajando en la construcción territorial, y también el jefe comunal de El Calafate, Javier Belloni, con peso propio en el sur de la provincia.
En paralelo, el congreso avanzó con sanciones disciplinarias contra dirigentes que consideran alejados de la línea partidaria. La expulsión de Garrido y Gadano se inscribe en esa lógica: castigar a quienes, según el PJ, acompañan políticas cercanas al oficialismo provincial.
El trasfondo es político. El peronismo busca recuperar identidad y cohesión frente a un escenario fragmentado, donde parte de su antigua base terminó alineada con Vidal.
El antecedente que alimenta expectativas es la elección legislativa de 2025, donde el PJ logró imponerse y relegar a La Libertad Avanza. Ese resultado abrió una ventana de oportunidad que ahora intentan capitalizar.
Con ese objetivo, el partido apuesta a combinar orden interno y despliegue territorial. La meta es clara: llegar competitivo a 2027. Pero antes, necesita resolver lo más urgente: dejar de pelearse hacia adentro para volver a disputar poder hacia afuera.