21/04/2026 - Edición Nº1169

Cultura


Donde la memoria respira

Mariela Blanco: las historias de una Buenos Aires que no deja de sorprender

21/04/2026 | Todo lo que siempre quisiste saber sobre la Reina del Plata y nunca te lo contaron



En exclusiva con NewsDigitales y en la antesala de su presentación en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, la autora adelanta la mirada con la que construyó su obra: una forma de narrar nuestra ciudad desde lo que falta, lo que quedó a medias y lo que todavía insiste en decir algo.

Con una prosa que cruza archivo y sensibilidad, Blanco propone detenerse, mirar distinto y volver a escuchar esas historias que siguen esperando ser contadas. Lo que siempre estuvo ahí, pero nunca vio la luz.

-Hay autores que escribieron sobre la ciudad, pero en tu caso pareciera que es la ciudad quien escribe a través tuyo. ¿Qué tiene Buenos Aires que te sigue interpelando cada vez que te sentás a escribir?

-Buenos Aires tiene algo muy particular, como si no se sintiera nunca terminada. Siempre queda una historia abierta, una versión que no cierra del todo. A mí me pasa que cuanto más la recorro, más preguntas me genera. Y escribir es, en algún punto, abundar en esas preguntas. Creo que cada lugar al que voy o vuelvo, la ciudad me va marcando por dónde seguir.

-Tu trabajo tiene algo de arqueología emocional. ¿Sentís que estás salvando historias del olvido o dándoles una segunda vida?

-Me gusta pensar más en una segunda vida. Muchas de las historias conocidas están fragmentadas, incompletas o mal contadas. Cuando uno les da una segunda vuelta e imagina qué sentirían los habitantes de tal o cual edificio, vuelven a tener sentido. Si el libro logra eso, ya es un montón.

-En tu obra hay una combinación muy fina entre rigor periodístico y sensibilidad literaria. ¿Cómo encontraste ese estilo?

-Creo que tiene que ver con mi formación y también con lo que disfruto como lectora. Necesito que haya datos sólidos, archivo, nombres propios. Pero también necesito que eso respire, que no sea solo información. Para eso ya está Wikipedia. A las historias hay que dejarlas volar un poco, desencorsetarlas. Yo estoy convencida de que la gente disfruta más de detalles pequeños que de los datos técnicos. Claro que los datos duros son los que aportan credibilidad.

-Tus libros tienen la capacidad de hacer que el lector mire distinto lugares que creía conocer. ¿Qué te interesa provocar en quien te lee?

-Me gustaría que después de leer, alguien camine por la ciudad con un poco más de curiosidad. Que se detenga un segundo más. No hace falta nada extraordinario, a veces alcanza con mirar distinto lo que uno ya tiene cerca.

-En tiempos donde todo parece inmediato, tu trabajo propone detenerse, mirar, reconstruir. ¿Es una forma de resistencia?

-Puede ser, pero no lo vivo como una postura. Es más bien una forma de trabajar. Hay historias que necesitan tiempo, paciencia, conversación. Y a mí me interesa respetar ese ritmo, aunque vaya a contramano.

-Estar en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es encontrarse con lectores. ¿Qué te pasa en ese cara a cara?

-Es uno de los momentos más lindos. Porque el libro deja de ser algo cerrado y aparece el otro, con su mirada, con un nuevo dato. Muchas veces me sorprenden con lecturas que yo no había visto. Y eso es muy enriquecedor. Además, el oficio es tremendamente solitario, por eso encontrarte con un lector es darte cuenta de que todo el esfuerzo y todo el horror frente a la hoja en blanco valió la pena.

-¿Qué tipo de vínculo se genera con la gente que se acerca a hablarte después de leerte?

-Ufff, me es imposible explicar la emoción que me produce que un lector me haga una devolución. A veces me llegan por redes sociales. Me cuentan qué parte les sorprendió, o dónde lo leyeron. Me mandan fotos del bar, de la playa, con mi libro. No hay palabras para describir esa conexión que se produce.

-La feria es también una vidriera cultural. ¿Sentís que en épocas de algoritmo los libros siguen siendo una herramienta cultural esencial para la clase media?

-Sí, porque proponen otros tiempos, voces reales. Hoy todo lo que leo me huele igual. No hablo del olor a tinta, hablo de la falta de tono propio. Gacetillas, libros y entrevistas de TV me saben igual. Hay un lenguaje uniformado que podría pertenecer casi a cualquier emisor. Además, un libro no compite en velocidad, no le importa llegar primero. Por eso en lo que respecta a ensayos periodísticos, es clave poder chequear el dato que se aporta.

-Si tuvieras que definir en una imagen lo que hacés, ¿cuál sería?

-Alguien tocando timbre en una casa antigua, esperando que le abran para que le cuenten una historia.

-Y si alguien te pregunta por qué leer a Mariela Blanco, ¿qué le responderías?

-Que no es solo para conocer Buenos Aires, sino para entrar a una casa donde ya no queda nadie y tratar de adivinar cómo era la vida ahí adentro. El vestido de su dueña, el perfume que usaba, el sonido de la madera cuando la casa se aquietaba a la noche, la prolijidad de unas cortinas que ya no están.