La Justicia decretó la quiebra de SanCor Cooperativas Unidas Limitada, una de las marcas más emblemáticas de la industria láctea argentina, tras el pedido presentado por la propia empresa días atrás.
La resolución fue dictada por el Juzgado de Primera Instancia de Distrito 5 en lo Civil y Comercial de Rafaela, en el marco de la Ley de Concursos y Quiebras, y descarta la posibilidad de aplicar el procedimiento de salvataje, lo que acelera el proceso de liquidación de activos.
Fundada en 1938, Sancor supo consolidarse durante décadas como un símbolo del consumo masivo y la producción nacional, con fuerte presencia en todo el país.

El fallo establece que continuarán operando únicamente aquellas plantas que mantengan actividad productiva y contratos vigentes. En el resto de los casos, se ordenó preservar los activos para evitar su deterioro.
En un plazo de cinco días, la sindicatura deberá definir qué unidades productivas seguirán en funcionamiento, con un análisis técnico de cada planta.
La continuidad será transitoria: una vez concretada la venta de los activos, las operaciones cesarán automáticamente, salvo que los compradores decidan sostenerlas.
En cuanto a los trabajadores, los salarios generados durante esta etapa serán considerados gastos del proceso, con prioridad de pago.
La quiebra de Sancor no es un hecho aislado. Llega en un contexto de deterioro sostenido del consumo de lácteos, uno de los indicadores más sensibles del poder adquisitivo.
En los últimos meses, las ventas del sector mostraron caídas tanto en volumen como en litros de leche equivalente, reflejando el impacto directo del ajuste en los ingresos.

El cambio en los hábitos es evidente: menos leche fluida, más productos sustitutos y mayor peso de segundas marcas o presentaciones más económicas.