En su reciente paso por el living de NewsDigitales, Hernán Findling, presidente de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina, analizó el complejo presente que atraviesa la industria local. Con un discurso centrado en la eficiencia económica, Findling subrayó que la reactivación del INCAA es solo el primer paso de una estrategia mucho más amplia. Para el directivo, el cine no debe verse únicamente como un hecho cultural, sino como un engranaje fundamental de la economía nacional.
Una de las principales demandas de Findling, respaldada por la visión del productor Axel Kuschevatzky, es la implementación urgente de mecanismos de incentivos financieros como el cash rebate y el tax rebate a nivel nacional. Estos sistemas, que consisten en la devolución de un porcentaje de la inversión realizada o beneficios impositivos, son moneda corriente en las potencias audiovisuales. Findling calificó como "ridículo" que Argentina no cuente con estas leyes a gran escala, limitándose apenas a esfuerzos incipientes en la Ciudad de Buenos Aires, mientras otros países desarrollados los utilizan para atraer capitales extranjeros.

El presidente de la Academia de Cine Argentina ilustró la rentabilidad del sector con una anécdota reciente sobre la Presidenta de la Comunidad de Madrid en su visita al país. Según relató, tras discutir temas políticos con el presidente Javier Milei, la mandataria española destacó haber invertido 200 millones de euros en el sector audiovisual madrileño debido a su alto retorno: por cada euro invertido, el Estado recupera tres. Esta lógica de inversión productiva es la que Findling busca instalar en la agenda argentina, señalando que somos uno de los pocos países que aún no explota este recurso a nivel federal para generar riqueza genuina.
Por su parte, Axel Kuschevatzky ha sido categórico al señalar que la Argentina actual carece de capacidad de autofinanciación para proyectos de alto presupuesto. Los fondos públicos han quedado sumamente rezagados frente a los costos de producción internacionales y la inversión privada local es casi inexistente. Ante este panorama, la industria depende críticamente de encontrar "jugadores globales" que aporten los recursos y las estructuras necesarias. Sin incentivos fiscales claros, atraer a estos gigantes del entretenimiento se vuelve una tarea titánica frente a vecinos como Uruguay, Chile o Brasil, que sí ofrecen estas ventajas.

Kuschevatzky también desmitificó la idea de que los países liberales prescinden del apoyo estatal en el cine. El productor remarcó que en Estados Unidos —referente constante para la actual gestión de gobierno— el 70% de los estados poseen sistemas de rebate para fomentar la producción. Estas potencias entienden que el audiovisual genera un "derrame genuino" hacia otras actividades como el transporte, la hotelería y el catering, beneficiando a una cadena de trabajadores que va mucho más allá de los actores y directores.