La reforma electoral promovida por el presidente Javier Milei ya genera efectos concretos en la provincia de Buenos Aires, donde dirigentes oficialistas y opositores comenzaron a mover fichas frente a un posible cambio en las reglas de juego.
El debate no es menor: lo que defina el Congreso nacional tendrá impacto directo en el sistema electoral bonaerense, obligando a la Legislatura provincial a adaptar sus propias normas. En ese contexto, todas las miradas apuntan al gobernador Axel Kicillof, quien deberá tomar decisiones clave en medio de tensiones internas.
El paquete de reformas incluye la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), la implementación de la Boleta Única en Papel (BUP) y cambios en el financiamiento político.

Si estas modificaciones avanzan a nivel nacional, la provincia deberá definir si replica el esquema o mantiene su propio sistema. Allí aparece uno de los puntos más sensibles: el posible desdoblamiento electoral, es decir, separar las elecciones provinciales de las nacionales.
Este mecanismo ya fue utilizado en 2025 con resultados favorables para el oficialismo bonaerense, por lo que algunos sectores del peronismo ven con buenos ojos repetir la estrategia.
Dentro del oficialismo provincial no hay una posición unificada. El peronismo atraviesa discusiones internas sobre qué hacer con las PASO y si conviene desdoblar los comicios.
Desde el entorno de Kicillof admiten que cualquier decisión generará resistencias, incluso dentro de su propio espacio. La relación con sectores como el Frente Renovador y el kirchnerismo agrega complejidad a un escenario ya fragmentado.

Mientras tanto, el gobernador analiza el contexto nacional y provincial con un objetivo claro: garantizar las mejores condiciones para que el peronismo retenga el poder en Buenos Aires.
Del otro lado, la oposición intenta capitalizar el debate. Dirigentes del PRO, la UCR y otros espacios plantean la necesidad de avanzar en una reforma electoral más profunda.
Algunos sectores apoyan la eliminación de las PASO, aunque advierten que suprimirlas sin cambios estructurales podría beneficiar al oficialismo. Otros impulsan un calendario electoral propio para la provincia, con el objetivo de fortalecer su autonomía.
También hay consenso en varios bloques sobre la implementación de la boleta única, una herramienta que, aseguran, aportaría mayor transparencia al proceso.
El escenario se complica aún más por la falta de actividad en la Legislatura bonaerense, donde todavía no se terminaron de conformar las comisiones y el ritmo parlamentario es mínimo.
Esta parálisis retrasa cualquier definición concreta y deja las decisiones en suspenso, en un contexto donde el calendario electoral comienza a presionar.
Detrás de cada movimiento aparece un objetivo mayor: las elecciones de 2027. Tanto el oficialismo como la oposición ya proyectan estrategias en función de ese escenario.
En La Plata reconocen que la mayoría de los gobernadores podría optar por desdoblar sus elecciones, y Buenos Aires no sería la excepción.

Con múltiples variables en juego —reforma nacional, internas partidarias y un sistema político en reconfiguración—, la provincia se encamina a una discusión clave que definirá no solo cómo se vota, sino también quiénes llegan con ventaja a la próxima gran disputa electoral.
ND