En Rosario, donde el delito y la violencia marcaron durante años la agenda pública, Ezequiel Torres construyó su nombre en un terreno incómodo: la defensa penal de barras bravas, narcos y acusados en causas de alto impacto. Pero lejos de asumir ese rol como una etiqueta, el abogado lo redefine en términos jurídicos. “Yo defiendo derechos. En mi estudio defendemos un sistema”, plantea durante una entrevista en El Living de NewsDigitales.
Torres asegura que la exposición mediática muchas veces distorsiona la percepción sobre sus clientes. “No me incomoda que me encasillen como abogado de narcos porque muchas personas señaladas públicamente han salido luego en libertad con absoluciones o falta de méritos”, explica, al marcar que su tarea no pasa por juzgar sino por garantizar defensa.
Uno de los casos que hoy lo tiene en el centro de la escena es la defensa de Gastón Schneider, hijo del histórico líder de Los Monos, Claudio "El Pájaro" Cantero. “Mi defensa con respecto a Gastón Schneider es una defensa técnica. Logramos cerrar una pena relativamente baja en un acuerdo abreviado para que pueda tener pronto los beneficios de la ley de ejecución penal”, cuenta. Según señala, la acusación incluía “seis o siete delitos, incluyendo armas y amenazas”.

Más allá de los expedientes, el abogado pone el foco en las condiciones de detención en Rosario, especialmente para quienes son catalogados como de “alto perfil”. “Muchas veces la aplicación de esa categoría es arbitraria”, advierte, y agrega que “los abogados debemos judicializar esto para que los jueces controlen si se aplica la norma”.
En ese punto, describe un cambio en el vínculo con los detenidos. “Antes el contacto era mano a mano. Hoy es a través de un teléfono”, señaló, y planteó una preocupación central: “El gran temor es que esas intervenciones estén grabadas, lo cual viola la confidencialidad esencial para armar una estrategia”.
Al momento de explicar su método de trabajo, Torres fue directo. “Nunca les pregunto si son culpables”, reconoce. Y explica cómo encara cada caso: “Lo primero que hago es mostrarles el legajo de la fiscalía: escuchas, seguimientos o si hay algún arrepentido. A partir de ahí, ellos me explican su versión y yo hago la defensa técnica”.
Su recorrido también está atravesado por el mundo del fútbol. Antes de dedicarse al derecho, jugó en varios clubes y allí tuvo sus primeros contactos con barras bravas, que tiempo después se convertirían en sus primeros clientes. “Al no llegar a primera, me quedaron los vínculos con las barras que me conocían de los viajes y las tribunas”, recordó.
Consultado sobre los códigos en ese ambiente, dejó una de las definiciones más fuertes de la entrevista: “Prefiero defender a alguien imputado por estupefacientes que a un político”. Según explicó, en esos casos encuentra una relación más directa con el cliente, ya que “no anda consultando a cuatro o cinco abogados a la par, lo cual es incómodo”.
A pesar de la exposición y el tipo de causas que maneja, asegura que nunca sintió miedo. “Nunca tuve miedo”, dice. Y, sobre su presente profesional, cierra así: “Es estresante, pero me apasiona”.