La interna del peronismo bonaerense volvió a quedar expuesta, pero detrás del ruido empezó a tomar forma una discusión de fondo: las reglas electorales con las que la provincia de Buenos Aires llegará a 2027. El sector que responde a Cristina Fernández de Kirchner busca abrir una negociación con Axel Kicillof para avanzar en una reforma integral que ordene el sistema y evite cambios improvisados en plena competencia.

El debate se aceleró tras el envío del proyecto de reforma electoral del Gobierno nacional, que propone eliminar las PASO y modificar el financiamiento partidario. En ese contexto, el kirchnerismo bonaerense intenta adelantarse y fijar una posición propia en el principal distrito electoral del país, con una consigna clara: discutir reglas en años no electorales y con acuerdos amplios.
La agenda en análisis incluye tres ejes centrales. El primero es la reelección de intendentes, un tema que divide aguas desde la ley que limitó los mandatos durante la gestión de María Eugenia Vidal. En el kirchnerismo no descartan revisar esa restricción, pero insisten en que debe formar parte de un paquete más amplio y no resolverse como una negociación aislada.
El segundo punto es la continuidad de las PASO. A diferencia del oficialismo nacional, en el peronismo bonaerense prevalece una defensa pragmática de las primarias como herramienta para ordenar internas en un espacio fragmentado. Intendentes, La Cámpora, sindicatos y el armado del gobernador conviven en un esquema donde las primarias funcionan como válvula de contención política.
El tercer eje introduce un cambio relevante. Por primera vez, sectores del kirchnerismo admiten la posibilidad de aceptar la Boleta Única de Papel en la elección general. Se trata de un giro respecto a la postura histórica del espacio, que durante años cuestionó ese sistema.
Incluso, se analiza un esquema mixto: mantener la boleta partidaria en las PASO —donde compiten listas dentro de un mismo frente— y utilizar la Boleta Única en la elección general para simplificar el proceso. A eso se suma otra definición política: la preferencia por elecciones unificadas con el calendario nacional, en contraposición al desdoblamiento aplicado en 2025.

Detrás de esta discusión aparece la tensión estructural entre el kirchnerismo y el espacio de Kicillof. Los chats filtrados y los cruces recientes reflejan un malestar que no termina de resolverse, mientras el gobernador avanza en su construcción política con proyección nacional.
En paralelo, crecen los nombres en la carrera bonaerense —Mayra Mendoza, Jorge Ferraresi, Julio Alak, Federico Achával, entre otros—, lo que refuerza la necesidad de reglas claras para ordenar la competencia.
La conclusión que empieza a imponerse en el peronismo es incómoda pero realista: sin un acuerdo sobre el sistema electoral, cualquier intento de armado nacional quedará condicionado por la interna bonaerense. Por eso, más allá de los cruces públicos, la verdadera disputa ya empezó a correrse hacia otro terreno: quién define las reglas del juego rumbo a 2027.