28/04/2026 - Edición Nº1176

Judiciales

Caleta Olivia

“La aplasté sin querer”: la versión que se derrumbó y convirtió una muerte en un presunto femicidio

28/04/2026 | Ada Barrozo Quilo tenía 44 años y murió tras un encuentro con su pareja. La autopsia reveló lesiones incompatibles con un hecho accidental



Durante varios días, la muerte de Ada Barrozo Quilo fue leída como un episodio confuso, sin señales claras de violencia extrema. Un paro cardiorrespiratorio, una situación íntima que se habría desbordado y una explicación que, en un primer momento, no parecía ser cuestionada en profundidad. Pero las pericias cambiaron todo.

El caso dio un giro cuando el informe forense descartó cualquier causa natural y confirmó que la mujer había muerto por asfixia mecánica. A partir de ese dato, la reconstrucción de lo ocurrido la madrugada del 11 de marzo en una vivienda del barrio 132 Viviendas, en Caleta Olivia, empezó a desarmar la versión de su pareja, Sergio Navarro.

El hombre, de 34 años, había asegurado que ambos mantenían relaciones sexuales cuando la situación “se salió de control”. Primero dijo que intentó reanimarla; después sostuvo que la muerte había sido accidental. “Soy gordo y la aplasté sin querer”, declaró ante la Justicia. Sin embargo, los resultados de la autopsia plantearon un escenario completamente distinto.

Las lesiones

El cuerpo de Ada presentaba nueve costillas fracturadas, ambos pulmones perforados y edemas internos. Para los peritos, ese nivel de daño no podía explicarse por un hecho fortuito ni por una maniobra aislada: requería una presión sostenida durante varios minutos.

A ese cuadro se sumaron otros elementos que reforzaron las sospechas. Navarro tenía lesiones en las manos compatibles con mordeduras, interpretadas como posibles intentos de defensa por parte de la víctima. Esa evidencia fue clave para descartar la hipótesis de un accidente.

La causa, que en un primer momento se investigó como averiguación de causales de muerte y luego como homicidio culposo, cambió de rumbo tras las nuevas pericias y el impulso de la querella. Finalmente fue recaratulada como homicidio doloso doblemente agravado por el vínculo y por mediar violencia de género, una figura que prevé la pena de prisión perpetua.

Ada tenía 44 años, era madre de una joven de 20 y trabajaba en una panadería a la que ingresaba de madrugada. Su muerte, que inicialmente parecía rodeada de incertidumbre, quedó atravesada por indicios que apuntan a un escenario de violencia extrema.

Navarro permanece detenido mientras la Justicia avanza en la investigación para determinar con precisión cómo fueron los últimos minutos de la víctima y el grado de responsabilidad del acusado.