La disputa por las Islas Malvinas volvió a escalar en el plano internacional tras las declaraciones de Victoria Villarruel, que tuvieron inmediata repercusión en medios británicos y tensaron el vínculo diplomático con el Reino Unido. La vicepresidenta sostuvo que los isleños deberían “volver a Gran Bretaña” si “se sienten ingleses”, en una definición que se sumó al reclamo histórico argentino pero con un tono más confrontativo.
Hoy más que nunca, Malvinas Argentinas. La discusión sobre la soberanía de nuestras islas es entre Estados, por lo cual el Reino Unido debe discutir bilateralmente con la Argentina el reclamo que sostenemos por razones jurídicas, históricas y geográficas. Los kelpers son ingleses… https://t.co/4y31oY1v22
— Victoria Villarruel (@VickyVillarruel) April 24, 2026
El planteo se dio en redes sociales, donde Villarruel insistió en que la discusión por la soberanía “es entre Estados” y que el Reino Unido debe negociar de manera bilateral con la Argentina. En esa línea, volvió a rechazar el principio de autodeterminación de los habitantes del archipiélago, un punto central de la posición británica.
El trasfondo de la escalada no es menor. La filtración de un documento interno del Pentágono, difundido por Reuters, dejó trascender que Estados Unidos podría revisar su respaldo histórico a la soberanía británica sobre las islas. El informe, atribuido al asesor Elbridge Colby, analizaba posibles medidas contra aliados de la OTAN y mencionaba explícitamente a las Malvinas dentro de ese esquema.

El dato generó inquietud en Londres, que reaccionó rápidamente. Desde el gobierno de Keir Starmer ratificaron que la posición británica “no va a cambiar”, mientras que funcionarios como Yvette Cooper insistieron en que la soberanía corresponde al Reino Unido y que la autodeterminación de los isleños es innegociable.
En paralelo, el presidente Javier Milei también reforzó el reclamo argentino en redes sociales, al afirmar que “las Malvinas fueron, son y siempre serán argentinas”. El Gobierno, además, expresó su voluntad de retomar negociaciones bilaterales a través del canciller Pablo Quirno, en línea con la histórica posición diplomática del país.
Sin embargo, el escenario se complejiza con otros factores. Según reveló la prensa británica, Washington habría presionado para avanzar en acuerdos militares con Argentina, incluyendo la provisión de aviones F-16. Este movimiento fue interpretado como un gesto poco habitual entre aliados occidentales y sumó tensión en la relación con el Reino Unido.

A esto se agrega la reacción política interna en Gran Bretaña, donde tanto el oficialismo como la oposición cerraron filas en defensa de la soberanía sobre las islas. Dirigentes como Kemi Badenoch y Nigel Farage endurecieron su discurso y descartaron cualquier tipo de negociación con Argentina.
En ese contexto, las declaraciones de Villarruel no quedaron como un episodio aislado. Se insertan en un escenario internacional más inestable, donde el histórico conflicto por Malvinas vuelve a cruzarse con disputas geopolíticas más amplias. El resultado es un nuevo foco de tensión que, por ahora, aleja cualquier posibilidad de diálogo y reactiva uno de los temas más sensibles de la política exterior argentina.