El 27 de abril de 1979 la República Argentina vivió un hito histórico: la primera acción colectiva de gran escala contra la dictadura militar. El movimiento obrero organizado desafió el estado de sitio y la prohibición absoluta de huelga impuesta desde marzo de 1976. Este suceso terminó con el repliegue forzoso de los sindicatos e inició la etapa de confrontación abierta que debilitó las bases del régimen de Jorge Rafael Videla.
La jornada de protesta nacional de 1979 paralizó los sectores estratégicos de la economía pese a la censura mediática y el terrorismo de Estado. El cinturón industrial del Gran Buenos Aires, Rosario y Córdoba registró niveles de ausentismo que alarmaron a las autoridades militares.

El éxito de la huelga del 27 de abril de 1979 dependió de la organización clandestina de las "segundas líneas" sindicales y cuerpos de delegados, quienes ratificaron la medida de fuerza en fábricas y talleres ferroviarios apenas horas después de que la dictadura encarcelara a los principales líderes de la "Comisión de los 25" en la cárcel de Caseros.
Los datos de inteligencia de la época confirmaron el impacto real:
La tarde del 26 de abril de 1979, el régimen militar intentó descabezar la protesta. El Ministerio de Trabajo convocó a los dirigentes de la "Comisión de los 25" para intimidarlos. Ante la negativa de los sindicalistas de levantar la medida, la policía los detuvo de inmediato bajo los cargos de violar la Ley 21.400, que criminalizaba las huelgas con penas de hasta seis años de prisión.

Entre los trasladados a la cárcel de Caseros figuraban Saúl Ubaldini (Cerveceros), Roberto García (Taxistas), Roberto Digón (Tabaco) y José Rodríguez (SMATA). La dictadura subestimó la disciplina de las bases: esa misma noche, un comité de huelga clandestino ratificó la protesta y sumó la consigna de "libertad inmediata de los detenidos".
El ministro de Trabajo, Llamil Reston, minimizó el hecho frente a la prensa extranjera calificándolo de "fracaso", pero en privado el gobierno acusó el golpe. Pocas semanas después, el régimen otorgó un aumento salarial general del 19%.
La organización de la huelga demoró más de un año. Debido a que las leyes militares prohibían asambleas y reuniones, los dirigentes tejieron una red de comunicación informal en domicilios particulares y consignas de boca en boca dentro de las plantas.
Este grupo de gremios peronistas rompió con la postura "participacionista" de la Comisión Nacional del Trabajo (CNT), que buscaba dialogar con los militares. Los líderes de "Los 25" presentaron un manifiesto de 10 puntos que vinculaba la crisis económica con la violación de los derechos humanos. Exigieron la vigencia plena de la Constitución, el esclarecimiento del destino de los sindicalistas desaparecidos y la defensa de la industria nacional frente a la apertura económica de Martínez de Hoz.
La dictadura utilizó una arquitectura jurídica para "legalizar" la represión laboral desde marzo de 1976. El Decreto 9/76 suspendió la actividad gremial y la Ley 21.261 anuló el derecho de huelga. A este disciplinamiento se sumó un plan económico que desmanteló el modelo industrial argentino.
Entre 1975 y 1977, la participación de los asalariados en el ingreso nacional se desplomó del 48,5% al 30,4%. La inflación galopante, el congelamiento de sueldos y la apertura arancelaria asfixiaron a las familias trabajadoras. En este contexto, Saúl Ubaldini emergió como un líder con autoridad moral. Su pensamiento guió la resistencia: "Voy a morir con mi pensamiento: la defensa de los intereses de los trabajadores. Odio a los grandes capitales que nos han explotado".

A 47 años de aquella gesta, la conflictividad gremial regresa al centro de la escena política. Este lunes, la Confederación General del Trabajo (CGT) solicitó la nulidad del fallo que devolvió vigencia a la reforma laboral del gobierno de Javier Milei. La central obrera recusó a los jueces de la Sala VIII, Víctor Arturo Pesino y María Dora González, por "manifiesta parcialidad" y cuestionó el beneficio jubilatorio que Pesino recibió del Estado nacional un día después de su sentencia.