Este lunes se cumplen 23 años de las elecciones presidenciales de 2003. Aquella jornada electoral no representó un simple relevo de mando, sino el cierre de la etapa de disolución institucional iniciada en diciembre de 2001. El resultado final consagró a Néstor Kirchner como presidente de la Nación, a pesar de que el escrutinio oficial lo ubicó en el segundo puesto.
En el clima político actual, la fecha se recuerda como el nacimiento del "kirchnerismo", un movimiento que hegemonizó la política argentina durante los doce años siguientes. Referentes de diversos sectores destacan hoy que Kirchner asumió con "más desocupados que votos", enfrentando una pobreza del 54% y una deuda externa en default.

Mauricio Macri, actual presidente del PRO, revivió recientemente una anécdota que pudo cambiar el rumbo de esta historia: reveló que, antes de elegir a Kirchner, el entonces presidente Eduardo Duhalde le ofreció a él la candidatura. "Duhalde me dijo que yo iba a ser presidente", confesó Macri, quien rechazó la oferta para priorizar su carrera en la Ciudad de Buenos Aires. Tras la negativa de Macri y de otros dirigentes como Carlos Reutemann, el peronismo bonaerense ungió al santacruceño.
El proceso electoral de 2003 quedó trunco a mitad de camino por una decisión estratégica del ganador de la primera vuelta. Carlos Saúl Menem, quien buscaba su tercera presidencia, decidió no presentarse a la segunda vuelta electoral prevista para el 18 de mayo.
Néstor Kirchner se convirtió en el presidente electo de la Argentina el 14 de mayo de 2003, luego de que el exmandatario Carlos Menem, ganador de la primera vuelta con el 24,45% de los sufragios, anunciara su renuncia al balotaje ante la certeza de una derrota estrepitosa en los sondeos, permitiendo que Kirchner asumiera el cargo con apenas el 22,24% de los votos, la base de legitimidad electoral más baja desde el regreso de la democracia en 1983.
Menem oficializó su dimisión mediante un mensaje televisado donde disparó: "¡Que Kirchner se quede con su 22 por ciento; yo me quedo con mi pueblo!". Kirchner respondió calificando al riojano de "cobarde" y afirmó que su huida pretendía mostrar "débil y frágil al gobierno que se inicia".
Aquel domingo de hace 23 años, los argentinos acudieron a las urnas bajo el sistema de "neolemas", que permitía a varios candidatos peronistas competir sin una interna previa. El resultado mostró un mapa político estallado en cinco fragmentos:
La Unión Cívica Radical (UCR), partido que había gobernado hasta 2001, obtuvo el peor resultado de su historia con Leopoldo Moreau, quien apenas alcanzó el 2,34% de los sufragios.
Néstor Kirchner llegó a la escena nacional como un gobernador periférico con tres mandatos en Santa Cruz. Su ascenso fue producto de la ingeniería política de Eduardo Duhalde, quien ejercía la presidencia interina y buscaba un sucesor que impidiera el regreso de Menem.
Duhalde buscó candidatos con mayor intención de voto, pero ante las negativas sucesivas, cerró el acuerdo con el patagónico. El binomio Kirchner-Scioli utilizó el eslogan "Un país en serio" y se presentó como una ruptura con la generación política del fracaso. Tras ser declarado presidente electo por la justicia electoral, Kirchner asumió el 25 de mayo de 2003 con una frase fundacional: "No voy a dejar mis convicciones en la puerta de la Casa Rosada".
Para entender por qué se votó de esa forma en 2003, hay que retroceder al 20 de diciembre de 2001. La salida de Fernando de la Rúa en helicóptero de la Casa Rosada y la sucesión de cinco presidentes en una semana dejaron al país sin referentes de confianza.
El interinato de Duhalde se vio acortado por la masacre de Avellaneda, donde la policía mató a los piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en junio de 2002. Ante el clima de caos, el gobierno adelantó los comicios. La sociedad votó el 27 de abril de 2003 todavía bajo el eco de las cacerolas, terminando con la hegemonía neoliberal de los años 90 y dando inicio a un nuevo paradigma de poder centrado en la recuperación de la autoridad estatal.
TM