04/05/2026 - Edición Nº1182

Cultura


Historia y regreso

Roberto Zelazek vuelve al punk con banda propia y un disco de identidad feroz

29/04/2026 | El exbajista de Los Violadores lanza banda propia, con nuevo disco, colaboraciones y una mirada crítica del presente.



Hay historias que no se cuentan: se sobreviven. La de Roberto Zelazek -“el Polaco”- es una de ellas. Integrante central de una de las bandas más disruptivas del rock argentino como Los Violadores, su recorrido está atravesado por el caos, la rebeldía y una escena que nació a contramano de todo. En su paso por El Living de NewsDigitales, reconstruyó ese camino con anécdotas que parecen sacadas de otra época, pero que explican el ADN del punk local.

Desde su llegada a la Argentina escapando del comunismo en Polonia hasta su irrupción en la escena under de fines de los 70, Zelazek vivió una transformación tan abrupta como la música que eligió. “A los tres meses hablaba mejor que mi viejo”, recordó sobre su adaptación, antes de que el rock -y especialmente el punk- le cambiara definitivamente la vida.

El nacimiento del punk en Argentina

Zelazek fue testigo directo del surgimiento del punk en el país, en plena dictadura. Un movimiento que, lejos de su origen social en Inglaterra, acá se gestó como una ruptura estética y cultural en un contexto represivo.

“El punk acá no fue un movimiento social, fue un movimiento de moda que vino a romper con todo lo anterior”, explicó.

Esa ruptura no fue simbólica: fue real. Shows suspendidos, represión policial y escenas de violencia eran parte del circuito. “Cada vez que tocaban, iban en cana”, resumió sobre aquellos primeros años.

En ese clima, Los Violadores construyeron una identidad que no solo incomodaba al poder, sino también al propio rock argentino, más cercano en ese momento a la estética hippie.

De tocar para 20 personas a llenar escenarios

El salto fue tan rápido como inesperado. De tocar en circuitos marginales, la banda pasó a escenarios con miles de personas. “De golpe pasamos de tocar para 20 personas a lugares con 2.000”, recordó.

El éxito de “Y ahora qué pasa, eh?” y el impacto de temas como “Uno, dos, ultraviolento” marcaron un quiebre generacional. Pero también trajeron tensiones internas, disputas y el desgaste propio de una banda que creció en un contexto extremo.

“Pasás de ser un pibe rebelde a que te pidan autógrafos. No lo podés creer”, sintetizó sobre ese momento bisagra.

Anécdotas de una vida al límite

El relato de Zelazek no esquiva el costado más salvaje de la época. Desde recitales que terminaban en disturbios hasta historias absurdas como cruzar la frontera con Paraguay… con un chancho comprado en plena madrugada.

“Volví del show con un chancho atado de una soga y un vaso de whisky en la mano”, contó entre risas, en una escena que condensa el espíritu de aquellos años: descontrol, improvisación y una lógica completamente ajena a cualquier cálculo.

Ese universo, donde convivían la música, el exceso y la libertad total, es parte esencial de una generación que construyó el rock desde los márgenes.

El presente: una nueva banda y otra mirada

Lejos de quedarse en el peso de su historia, Roberto Zelazek decidió volver a empezar. Tras el cierre definitivo de Los Violadores, el músico armó un nuevo proyecto que lleva su nombre y que, más que una continuidad, busca ser una reconstrucción desde otro lugar.

La banda -integrada por Leo Nievas en voz, el propio Zelazek en bajo y coros, Leonel Suite en guitarra y Guille Wallace en batería- surge del cruce entre músicos del interior y referentes del circuito heavy nacional. Una síntesis entre recorrido y renovación que, según el propio Polako, no se apoya en la nostalgia: “Es un producto emergente, más allá de la historia de cada uno”.

El disco, gestado durante más de dos años, funciona como columna vertebral de esta nueva etapa. No es un material improvisado: fue remezclado, revisado y pensado hasta último momento, incluso postergando su salida para encontrar el contexto adecuado. En ese proceso también aparecen nombres fuertes de la escena, como Ricardo Iorio -quien participó en Corrupción- y Sebastián Coria, guitarrista de Horcas, que formó parte del desarrollo inicial del proyecto.

Musicalmente, el álbum retoma la crudeza del punk, pero con una impronta más pesada y conceptual. Las letras -en temas comoBasta, “Matar el sol” y “Descontrolado- construyen una mirada crítica del presente, atravesada por la idea de control, manipulación y una sociedad que, según Zelazek, dejó de cuestionar.

“El mundo tiene que ser de los despiertos, no de los dormidos”, sintetizó, dejando en claro que su música sigue siendo, ante todo, una forma de confrontación

Una nueva etapa, con el mismo espíritu

El lanzamiento del disco no es solo un regreso: es un punto de partida. Zelazek vuelve a escena con una banda propia, con identidad definida y con la decisión de exponerse sin el resguardo de una marca histórica.

El nombre no es casual. Es una elección que implica riesgo. “Si esto se prende fuego, el que se prende fuego soy yo”, ironizó sobre la decisión de llevar su apellido al frente del proyecto, en una movida que lo obliga a responder en primera persona

Antes incluso del lanzamiento formal, la banda ya había comenzado a construir su camino con presentaciones y adelantos en vivo. El próximo paso será el debut oficial del disco: el 7 de mayo a las 20 horas en Liverpool Bar (Palermo), con entrada libre y gratuita y la participación de Leila Harlac como artista invitada.

La fecha no es menor: funciona como carta de presentación de una banda que llega con material propio, con respaldo de nombres pesados y con un discurso que no busca adaptarse a la escena actual.

Con décadas de música encima, Zelazek no intenta repetir fórmulas. Su presente es una síntesis de todo lo anterior, pero sin concesiones.

Porque si algo dejó en claro en su paso por NewsDigitales es que, para él, el rock nunca fue comodidad. Siempre fue conflicto.

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