El transporte público vuelve a aumentar y mete presión directa sobre el bolsillo.
Desde el 1° de mayo, viajar en colectivo en la Ciudad de Buenos Aires será más caro: el boleto subirá 5,4% y el mínimo pasará a $753,74. En paralelo, el subte también ajustará su tarifa y llegará a $1.490.
El incremento responde a la fórmula vigente que combina la inflación medida por el INDEC más un adicional del 2%. Es el esquema que el Gobierno porteño viene aplicando desde principios de año para actualizar los pasajes de forma mensual.
En la Provincia de Buenos Aires, el ajuste será similar, aunque comenzará a regir unos días después. A partir del 4 de mayo, el boleto mínimo trepará a $918,35, acercándose cada vez más a la barrera de los $1.000 para los tramos más cortos.

Con SUBE registrada, los nuevos valores para las 28 líneas bajo jurisdicción porteña serán:
Desde la Ciudad sostienen que la actualización busca reducir el atraso tarifario y remarcan que hoy el sistema cubre alrededor del 70% de los subsidios.
En el conurbano y el resto del territorio bonaerense, las tarifas también subirán 5,4%. Así quedarán los valores:
El incremento aplica a las líneas provinciales (numeradas desde el 200 en adelante).
En paralelo al aumento, el conflicto con las empresas del sector suma tensión. Las cámaras de transporte del AMBA advirtieron que, si no hay definiciones sobre el financiamiento del sistema antes de fin de mes, la frecuencia podría reducirse de manera drástica.

Hoy el servicio ya funciona al 85% de su capacidad habitual. Según el planteo empresario, sin una solución por los costos operativos, ese nivel podría caer al 50% en los próximos días.
El sector asegura que la deuda por compensaciones supera los $128.000 millones y que, pese a algunos avances en las negociaciones, no hay certezas sobre cómo se cubrirán los gastos. “Magos no somos”, resumieron desde las cámaras.
El sistema de colectivos del AMBA mueve millones de pasajeros todos los días. Por eso, cualquier recorte en la frecuencia tiene efecto inmediato: más espera, unidades saturadas y complicaciones para ir a trabajar o estudiar.
Con tarifas en alza y un servicio bajo presión, el transporte vuelve a convertirse en uno de los focos más sensibles del ajuste económico.