Nadie se salva en una economía atravesada por la caída del consumo, la presión de las importaciones y un cambio de modelo que obliga a las empresas a reconfigurarse o desaparecer.
Mientras el ministro Luis Caputo insiste en que las compañías deben “reinventarse”, los números muestran otra cara: cierres, concursos preventivos y freno en la producción.
En los últimos días, tres casos —textil, línea blanca y automotriz— dejaron al descubierto la profundidad del ajuste en la actividad.
La marca de indumentaria infantil, con más de 20 años en el mercado, atraviesa una crisis financiera que la llevó a solicitar el concurso preventivo para sus dos sociedades.
El deterioro es fuerte: las deudas superan los $2.800 millones entre sus firmas operativas, con compromisos comerciales, bancarios y fiscales. La tensión en la cadena de pagos también es crítica, con más de 1.500 cheques rechazados por montos millonarios.

El golpe más claro aparece en las ventas: el promedio mensual cayó de $400 millones en 2024 a $250 millones en 2025. Menos consumo, menos ingresos y un negocio que dejó de cerrar.
El ajuste también llegó a la industria de electrodomésticos. Electrolux decidió cesar la producción de heladeras y cocinas en su planta de Rosario.
La empresa explicó que responde a un cambio en su estrategia global: en lugar de fabricar localmente, abastecerá el mercado argentino con productos importados desde su red internacional, con base en Brasil, Tailandia y China.

Detrás del argumento de “competitividad”, el movimiento refleja una tendencia cada vez más marcada: menos producción local y más dependencia de importaciones.
En el sector automotor, Nissan avanza en un cambio profundo tras haber dejado de fabricar la pickup Frontier en Córdoba.
Ahora, la compañía evalúa transferir su operación comercial a un distribuidor local, en un esquema que implicaría abandonar su modelo tradicional en el país.
La firma ya firmó un memorando de entendimiento con Grupo SIMPA y Grupo Tagle para analizar esa transición, en línea con una estrategia global orientada a reducir costos y ganar flexibilidad.
Aunque se trata de sectores distintos, los tres casos comparten un mismo trasfondo: caída de ventas, presión de costos y un nuevo escenario comercial que redefine las reglas del juego.
El resultado es visible: fábricas que frenan, empresas que achican su estructura y un entramado productivo que pierde volumen.