Una de las comedias más exitosas de todos los tiempos quedó bajo la lupa tras las recientes declaraciones de Lisa Kudrow. La actriz, recordada por su papel como Phoebe Buffay, rompió el silencio sobre el ambiente de trabajo que se respiraba detrás de cámaras durante las diez temporadas de Friends. Según reveló, el equipo de guionistas, compuesto mayoritariamente por hombres, mantenía una dinámica que distaba mucho de la calidez que los espectadores veían en pantalla, recurriendo a menudo a actitudes que Kudrow calificó de desagradables.
La tensión se hacía evidente incluso durante las grabaciones frente a las 400 personas que asistían al set. Lisa Kudrow recordó que los autores no tenían paciencia ante los errores técnicos o los fallos de memoria de los protagonistas, especialmente si un chiste no lograba la reacción esperada del público.

“Definitivamente pasaban cosas malas entre bastidores”, confesó la actriz. Además, añadió que la frustración de los guionistas se traducía en insultos directos: “¿No puede la perra leer de una puta vez? Ni siquiera lo está intentando. Arruinó mi línea”.
Uno de los puntos más polémicos de sus declaraciones se centró en las conversaciones privadas que mantenían los encargados de escribir la serie. Kudrow describió un entorno en el que el equipo creativo proyectaba sus deseos personales sobre las actrices del elenco principal. Según relató, en la sala de escritores, “los chicos se quedaban hasta tarde discutiendo sus fantasías sexuales sobre Jennifer [Aniston] y Courteney [Cox]. Fue intenso”.

“Podía ser brutal, pero mi actitud era: 'Decí lo que quieras sobre mí a mis espaldas porque entonces no importa'”, explicó sobre su mecanismo de defensa ante la toxicidad del equipo. La actriz dejó entrever comprendía que las extensas jornadas de trabajo, que a veces se prolongaban hasta la madrugada, contribuían a ese clima hostil, pero optó por ignorarlo.
Estas revelaciones no son las primeras en señalar las sombras de la serie; ya a principios de los 2000, una asistente de guion llamada Amaani Lyle demandó a Warner Bros. por comentarios racistas y sexuales en el entorno laboral. En aquel entonces la justicia favoreció a la producción bajo el argumento de que ese lenguaje era parte del proceso creativo.