La suba en el precio de los fertilizantes se refleja de distintas maneras en el agro nacional y si bien no se esperan grandes reducciones en la superficie de trigo y cebada, los productores estiran las decisiones de compra y podrían generarse algunos cuellos de botella logística en plena siembra.
El panorama internacional es delicado y todo indica que al menos en el mediano plazo el conflicto bélico en Medio Oriente seguirá impactando en los precios. Las restricciones de oferta a causa del conflicto entre Irán y Estados Unidos continúan generando volatilidad en los mercados.
De este modo, el cierre del estrecho de Ormuz representa un cuello de botella crítico para los principales exportadores globales.
De acuerdo a un informe elaborado por Jeremías Battistoni, de la consultora AZ Group, en el primer trimestre del año, las importaciones de urea acumularon 92.000 toneladas, un volumen que se ubica por encima de los promedios históricos.
En paralelo, los precios internos de este insumo aumentaron USD 90 por tonelada en el último mes y llegaron a USD 991, situación que ha ralentizado las compras anticipadas pese a las coberturas estratégicas tomadas por algunas empresas. Esta acumulación de demanda latente podría derivar en cuellos de botella logísticos y nuevas presiones sobre los precios locales durante la siembra de trigo”, advirtió Battistoni.

El escenario en la previa al inicio de la campaña fina 2026/27 es por demás complejo, porque si bien los perfiles hídricos son favorables, la relación de precios entre insumos y productos está deteriorada.
De todos maneras, desde AZ Group son optimistas en relación a las proyecciones de siembra. “Se estima que la reducción de superficie será marginal respecto a la campaña récord anterior, asegurando la necesidad de disponibilidad de insumos”, aclararon.
Las últimas estimaciones privadas muestran -en relación a la campaña previa- una reducción de 200.000 a 300.000 hectáreas en la superficie triguera a nivel nacional.
Durante abril se actualizó la referencia de tarifas para el transporte de granos, subproductos y fertilizantes, con un incremento del 14% respecto a enero. Para una distancia de 300 kilómetros, el costo del flete se ubicó en $57.202 por tonelada, equivalente a USD 42,2 por tonelada. Este valor marca una tendencia de recuperación, impulsada por el retraso cambiario, con subas del 17% mensual y del 22% en comparación con enero.
El nivel actual del transporte se posiciona por encima de los promedios de los últimos tres años, estimados en USD 34,5 por tonelada, y de la última década, en 31,2 dólares, alejándose de los mínimos registrados a comienzos de 2021.
En términos de capacidad de pago y tomando como referencia el maíz, el flete representa un porcentaje del valor del grano superior al promedio de las últimas tres campañas. "Este escenario plantea un desafío en el marco de la cosecha y del inicio del período de mayor actividad estacional, donde la gestión de los costos de comercialización adquiere relevancia por su impacto potencial sobre los márgenes del productor", concluyeron.