Si alguien le hubiera dicho a Gastón Cocchiarale hace unos 12 años que su carrera se iba a forjar y crecer de la mano de dos de sus grandes referentes actorales, probablemente él les hubiera respondido que estaban locos. Lo del actor que interpreta a Miguel en El Encargado, la serie de Disney+ que acaba de estrenar su temporada final, parece salido de esas películas donde todo lo que le pasa al protagonista es tan perfecto, que da bronca porque rompe la ilusión y parece mentira. Pero a Gastón le pasó de verdad.
Hace poco más de una década, Cocchiarale solo hacía teatro independiente y en su cabeza estaban los personajes de actores como Guillermo Francella y Luis Brandoni, pero como un ideal utópico. Solo servirle un café en una escena a “Beto” hubiera bastado para cumplir un sueño. Pero la vida tiene esas sorpresas guardadas para los que están tocados por la varita y para Gastón vino con un montón de premios.
Primero fue de la mano de Pablo Trapero, que lo eligió para ser parte de El Clan y compartir escenas con Guillermo Francella. Un nerviosismo absoluto se apoderó de él desde el primer día de rodaje. Pero de alguna manera lo sobrellevó y lo hizo tan bien que dejó una impresión más que duradera en Francella, que cinco años más tarde se acordaría de él y lo propondría para ser parte de El Encargado, la serie que Gastón Duprat y Mariano Cohn estaban preparando, por ese entonces, para Star+.
Este jueves se estrenó la cuarta y última entrega de El Encargado, ese delirio que retrata los complejos planes de Eliseo en su búsqueda por no ser despedido del edificio en el que trabajó toda la vida y que terminaron con él asesorando al presidente de la Nación. Antes del estreno conversamos con Gastón Cocchiarale sobre Miguel, su personaje, y sobre rodar con Francella una vez más.

¿Cuál es el rol de Miguel en El Encargado más allá de ser el asistente de Eliseo?
Me parece que hay algo que el personaje de Miguel viene a traer a la serie que tiene un humor muy ácido, muy oscuro por momentos y demás, que es un poco una ingenuidad, una blancura que es muy linda, y que le da un poco de respiro por momentos a la oscuridad de Eliseo. Y creo que también hay algo que humaniza a Eliseo de alguna manera, tener este pibe al lado. Si bien, pobrecito, le hace de las suyas, hay algo ahí de que creo que Miguel se ganó un poco el corazón de la gente en relación a su don de gente, valga la redundancia, a su integridad, a su querer poder. Hacer lo que hace Eliseo y que no le salga. Entonces, me parece que en ese sentido, el personaje Miguel aportó mucho en ese aspecto. Creo que genera una ternura que el público agradece y que celebra. Más que nada porque justamente genera un equilibrio en toda la oscuridad que tiene el personaje de Eliseo y que cada temporada ha ido creciendo de manera exponencial.
¿Te tocó leer o dialogar con gente de otros lados sobre la serie?
Sí, sí, muchísimo. La verdad es que hoy con las redes sociales uno tiene un acceso muy permanente a la opinión del público. Entonces me han escrito. Sobre todo el público hispanohablante. Tanto de España como de Latinoamérica y demás, han mandado muchos mensajes. Después me ha pasado que yo he estado haciendo teatro todo este año con Juan José Campanella en el Politeama, Empieza con D, y mucho público que ha venido que de pronto se quedaba a la salida a esperarme con una ansiedad hermosa porque me habían visto y era Miguel de El encargado. De todo Latinoamérica, chilenos, colombianos, venezolanos, fanáticos de la serie. Hace poquito justo le contaba a un colega tuyo, me convocaron para un proyecto en Perú y el proyecto surge a partir de que El encargado fue un éxito allá y que de pronto les gustó mucho mi actuación, mi personaje. Entonces, bueno, me parece que hay algo muy interesante de estas series que han venido a partir de la pandemia, de una globalidad que uno no dimensiona, ¿viste? Uno que está tan acostumbrado a actuar para un público local, de pronto te encontrás con que, claro, estos proyectos viajan por el mundo y de pronto no sabés quién te está viendo y se vuelve algo muy muy grande. Eso es muy interesante y muy gratificante, obviamente, también.

Cada temporada el delirio va creciendo y se va yendo quizás hasta totalmente absurdo. ¿Cómo fue vivir estos 4 años de profundizar en ese absurdo?
Maravilloso, maravilloso. Creo que la cuarta toca como la cúspide de esa locura porque bueno, tenemos al personaje del presidente de la nación que, ya lo han visto en algún tráiler, dominado por Eliseo. Creo que le dice lo que tiene que decir en un discurso, ¿no? Me parece que ahí ya hemos llegado como a la cumbre máxima de esta situación de locura del Eliseo y del poder que empieza a tener el tipo, que ha ido creciendo, como vos decís, de forma exponencial temporada tras temporada y que bueno, nosotros como actores hemos ido acompañando ese deseo de los directores y esa búsqueda de los directores, y me parece que que ha funcionado muy bien, que la gente la ha disfrutado mucho. En ese sentido, la cuarta temporada generó una expectativa muy grande, creo que fue la primera que no se estrenó de manera inmediata con todos los años que iban pasando, entonces claro, pasó mucho tiempo y de pronto hay una expectativa enorme y con muchas ganas de verla. Creo que hace más de un año que recibo la pregunta, “¿cuándo se estrena la cuarta, cuándo se estrena la cuarta?” Y eso está buenísimo, creo que habla de que es un producto que ha generado en los argentinos una fuerte demanda, una fuerte identificación. Y, bueno, felices nosotros, ¿qué más podemos pedir? Creo que esta cuarta temporada va a ser muy potente.
¿Qué te llevas de Miguel?
Bueno, un aprendizaje maravilloso. Primero, haber podido trabajar con Mariano Cohn y Gastón Duprat, que son dos directores que yo admiraba y admiro profundamente por todas sus películas. Soy fanático de El hombre al lado, El ciudadano ilustre, Mi obra maestra que justo anoche la volví a ver y dije, "qué peliculón". La verdad es que sus películas siempre me han gustado muchísimo y de pronto encontrarme filmando una serie de ellos…bueno, después filme Nada también con Beto (Luis Brandoni). La verdad que para mí ser parte de los actores que ellos eligen para trabajar es un grandísimo honor. El personaje de Miguel fue una delicia, poder interpretar un personaje con esos matices y con esas características y poder conocerlo durante tantos años, ¿no? Me parece que eso no es usual cuando uno filma. Porque en teatro haces el mismo personaje, pero en la misma situación todo el tiempo, por más que la obra dure un año, dos años, es el personaje ese en esa situación que se repite. Pero en ficción audiovisual, por lo general vos filmás un par de meses una temporada, dos, como mucho, la película es una película. Pero estar cuatro años seguidos filmando un mismo personaje que atraviesa diferentes situaciones a lo largo del tiempo, me pareció muy enriquecedor y muy jugoso como actor poder hacer esa experiencia.

¿Cómo fue trabajar con Guillermo? ¿Qué cambió entre la primera escena que hiciste con él en El Clan y la última de El Encargado?
Primero trabajar con él, para mí es un deleite porque hay algo de que es un actor de los mejores que tenemos, por no decir el mejor. En ese sentido, he aprendido muchísimo al lado de él. Sobre todo en este proyecto, en El Clan también, pero bueno, este es un proyecto que lo tenés a él en un terreno que es muy conocido por él, que es la comedia. Entonces, yo traté de absorber todo lo que podía de su trabajo, todo lo que él tenía para ofrecer. Es muy generoso como compañero, muy maestro, muy riguroso y dedicado. Entonces, uno si está con ganas de aprender al lado de él, efectivamente puede hacerlo. Para mí fue una experiencia maravillosa en todo sentido estos 4 años. Sobre todo porque encima todas mis escenas son mano a mano con él, tengo muy pocas escenas con otros personajes, entonces esa ida y vuelta para mí fue una escuela directamente, una escuela de comedia, de actuación, de tempo, de ritmo, de un montón de cuestiones, del decir el texto, de dónde está la importancia de la frase. Y como te digo, él es muy abierto a eso y él quiere que vos te luzcas, ¿no? Entonces eso no es menor, él entiende perfectamente el juego, que si brilla tu compañero brillás vos, si brillás vos, brilla tu compañero. Entonces, hay algo de eso que es muy generoso en el trabajo y la verdad que fue una felicidad enorme.
De la primera escena de El clan a esto ha pasado mucho tiempo, por supuesto, soy un actor mucho más maduro, con mucho más recorrido. El clan fue mi primera película, o sea, yo no había hecho nada de ficción, había hecho teatro independiente, publicidades, pero ficción audiovisual no había hecho nada. Entonces me agarró muy pollito mojado, ¿viste? Yo estaba como en una que era, “che, estoy actuando con Francella, wow, boludo”. Como que todo el tiempo me ganaba más eso que lo que tenía que hacer. Pero, bueno, lo recuerdo con mucho amor ese primer trabajo. Primero fue una gran película y que amé hacerla profundamente y por otro lado, bueno, fue un primer acercamiento con Guillermo que evidentemente le dejé una buena impresión porque luego pidió por mí para esta serie en su primera temporada. Entonces, eso lo valoro muchísimo. Pero sí, esa primera escena que filmé con él la recuerdo con mucho nerviosismo, pero no por culpa de él, porque él siempre fue un amor conmigo. Por mí, por por los nervios, por querer cumplir, por querer demostrar que podía estar ahí, por la responsabilidad del trabajo, por ser mi primera película, fue como un día que lo recuerdo con mucho nerviosismo y que me costó mucho encararlo, pero que salió bien, por suerte.
Con Cohn y con Duprat también te tocó no solo trabajar con Guillermo de vuelta, sino trabajar con Robert De Niro. ¿Cómo fue ese delirio de compartir unas escenas con él?
Fue una experiencia inigualable. Siguen pasando los años y sigo sin creer que eso pasó, ¿viste? Como que fue muy mágico, muy utópico. Inicialmente para mí ya fue un grandísimo honor y una gran utopía haber compartido con Beto, que para mí siempre fue un faro, un referente, por quien estoy muy dolido por su partida. La verdad que Beto para todos nosotros, para toda la comunidad actoral ha sido un referente en todo sentido. Entonces, para mí ya era una locura trabajar con él. Es el actor que más veces vi en teatro en mi vida, el actor que más me formó por solo verlo en sus películas en el teatro y qué sé yo. Entonces, yo ya estaba loco y chocho. En ese momento estaba filmando la temporada 1 de El Encargado y recuerdo entre toma y toma, que en un momento le pregunté a Duprat de qué se venía y me dice, "estamos preparando una con Brandoni, no sé qué”. y digo: "Ah, bueno, che, mira, no quiero ser atrevido. Pero si yo pudiera servirle un café a Brandoni en alguna escena…”. Y Duprat se rió, me dijo, "bueno, dejame pensar, dejame pensar y te aviso". Por suerte quedaron muy contentos con mi trabajo en El Encargado y me llaman un día y me acercan un guión y la verdad que fueron mucho más generosos que lo que yo pedí, porque me acercaron un guión en donde yo tenía tres escenas mano a mano con Beto divinas, no era simplemente servirle un café. Entonces, bueno, yo ya estaba feliz con eso. Y un día estaba en un bar acá a la vuelta de casa desayunando, leyendo creo que los libros, justamente, de Nada y de pronto leo una noticia: “De Niro viene a filmar con Brandoni una serie”. Dije: "No puede ser la misma, me muero. Debe ser una fake news”. Lo llamé a Mariano Cohn en ese momento que era como el que estaba más encargado de la producción de Nada y le digo, “che, ¿qué es esto, boludo? ¿Es verdad?". Y me dice, "sí, sí, estamos terminando de cerrar todo, pero sí, parece que sí". Y automáticamente me fui corriendo a los libros a buscar a ver si tenía una escena mi personaje con él, desesperado. Y, bueno, efectivamente tenía una escena que fue la presentación del libro del personaje de Beto, donde De Niro venía a presentar el libro.

El día de grabación fue utópico, la verdad que yo no sabía si estaba viendo a una persona en carne y hueso, un holograma, si era un sueño, si alguien en algún momento me iba a despertar, porque, de pronto es una leyenda del cine mundial, ¿no? Entonces, tenerlo ahí enfrente era muy poderoso. Fue una jornada que la recuerdo con mucha emoción, sobre todo un momento en el cual se estaba filmando a tres cámaras, porque era una escena con mucho extra, mucha gente, muy multitudinaria. Entonces, estábamos a tres cámaras y en un momento Duprat grita: "Cámara uno con Brandoni, cámara dos con De Niro, cámara tres con Cocchiarale". Y me quedó como un eco resonando esos tres nombres y dije, "¿En qué momento pasó esto? ¿Cuándo llegué acá?" ¿Viste? Como que fue muy mágico, muy mágico, la verdad.