La inflación en Argentina sigue sin encontrar un sendero claro de desaceleración. Aunque el dato anual de 2025 cerró en 31,5%, el problema hoy está en la dinámica mensual: hace 11 meses que no logra bajar de forma sostenida, y las expectativas tampoco ayudan a consolidar una baja.
El último dato surge de la Encuesta de Expectativas de Inflación (EI) que elabora el Centro de Investigación en Finanzas (CIF) de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella.
El relevamiento, realizado entre el 6 y el 17 de abril de 2026, muestra que la expectativa de inflación para los próximos 12 meses se ubicó en 34%, con una suba de 0,5 puntos respecto al mes anterior.
Es un dato clave: lejos de anclar expectativas, el número vuelve a subir y se mantiene por encima del registro del año pasado.
El informe refleja un escenario de desconfianza persistente:
En otras palabras, no hay señales de una baja contundente en la percepción de los precios.

Más allá del dato anual, el foco está en el ritmo mes a mes. Y ahí aparecen las mayores dudas: marzo cerró con una inflación de 3,4%, para abril, las proyecciones la ubican entre 2,5% y 2,8%.
Sin embargo, las expectativas de corto plazo siguen elevadas: 3,93% promedio para los próximos 30 días y 3% de mediana. Es decir, incluso si baja, lo haría a un nivel todavía alto, lejos de una nominalidad estable.
El relevamiento también muestra brechas por nivel socioeconómico:
Aunque la diferencia se redujo, los sectores más vulnerables siguen proyectando más inflación, lo que suele reflejar el impacto más directo en alimentos y gastos básicos.
Por ahora, ninguna de las dos cosas terminó de ocurrir. Y eso deja una conclusión incómoda: aunque la inflación ya no corre como en 2023, todavía está lejos de estar bajo control.