01/05/2026 - Edición Nº1179

Política

Múltiples reclamos

Paro, ollas populares y caos social: el Día del Trabajador 2002

01/05/2026 | "Piquete y cacerola, la lucha es una sola", rezaba una de las consignas. El país llevaba cuatro años en recesión y la pobreza superaba el 50%.



El Día del Trabajador de 2002 quedó registrado como uno de los más complejos de la historia reciente argentina. En medio de una crisis económica, social e institucional sin precedentes tras la caída del gobierno de Fernando de la Rúa en diciembre de 2001, la jornada estuvo atravesada por movilizaciones, reclamos, actos múltiples y un fuerte clima de incertidumbre.

Con niveles récord de pobreza, desempleo y conflictividad social, el país transitaba los primeros meses del gobierno de Eduardo Duhalde, en un escenario marcado por la emergencia económica, la negociación con el FMI y la recomposición del sistema político.

Un país en crisis: desempleo, pobreza y conflictividad

En mayo de 2002, Argentina enfrentaba una situación crítica: más de la mitad de la población estaba bajo la línea de pobreza, el desempleo superaba los dos dígitos y la caída del salario real profundizaba el deterioro social.

En ese contexto, el Día del Trabajador no tuvo celebraciones tradicionales, sino que se transformó en una jornada de protesta y reivindicación.

Dirigentes sindicales resumían el clima con claridad: “No es un primero de mayo donde pueda haber alegría porque hay desocupación y pobreza”, señalaban desde la CGT oficial.

El acto central en el Congreso: unidad sindical y anuncio de paro

Uno de los principales focos de la jornada fue el acto convocado por la CTA y la Corriente Clasista y Combativa (CCC) frente al Congreso Nacional.

La movilización reunió a trabajadores ocupados y desocupados, organizaciones sociales y columnas provenientes del conurbano bonaerense y distintos puntos del país.

El dirigente Víctor Mendívil, de la CTA, fue uno de los principales oradores y dejó una definición clave: “este acto de unidad entre la CTA y la CCC es el primer paso para la realización de un paro nacional activo entre el 23 y el 29 de mayo”.

La convocatoria también incluyó un llamado a la unidad: “compitiendo entre nosotros, agrediéndonos o insultándonos no se construye la unidad del pueblo”.

Amplia participación sindical y social

En el acto frente al Congreso participaron trabajadores de múltiples sectores: aeronáuticos, estatales, docentes, metalúrgicos, judiciales, de prensa y de hospitales públicos.

A ellos se sumaron organizaciones de desocupados como la FTV y la CCC, reflejando una característica central de la época: la confluencia entre trabajadores formales e informales en la protesta social.

También estuvieron presentes dirigentes como Víctor De Gennaro, Marta Maffei, Fabio Basteiro, la monja Marta Pelloni, organismos de derechos humanos como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y referentes políticos y sociales.

Durante el acto, se reiteraron consignas contra el ajuste y el FMI, con llamados a “enfrentar las políticas de hambre y destrucción”.

Protestas y acciones en la calle

La jornada incluyó distintas acciones de protesta. Militantes de la CTA realizaron recorridas por el centro porteño para “escrachar” locales de cadenas internacionales, mientras organizaciones sociales llevaron adelante ollas populares en distintos puntos de la ciudad.

Estas expresiones reflejaban la emergencia alimentaria y la necesidad de asistencia directa en los barrios más afectados.

La izquierda y los movimientos sociales en Plaza de Mayo

Por la tarde, sectores de la izquierda y organizaciones piqueteras realizaron su propio acto en Plaza de Mayo, con fuerte presencia de partidos como el Partido Obrero, el Movimiento al Socialismo y el Partido de los Trabajadores Socialistas.

El acto tuvo una particularidad: los oradores no fueron dirigentes partidarios tradicionales, sino representantes de asambleas barriales, trabajadores de fábricas recuperadas y organizaciones sociales.

Las consignas reflejaban el clima de época: “piquete y cacerola, la lucha es una sola” y “basta de hambre y represión”.

También se expresaron reclamos como “que se vayan todos” y “no al pago de la deuda”, en línea con las demandas surgidas tras la crisis de 2001. También sonaba el cantautor cubano Silvio Rodríguez.

Las asambleas barriales: protagonistas de la crisis

Otro de los escenarios fue el Obelisco, donde más de 80 asambleas barriales se concentraron en una jornada atravesada por cierta desorganización, producto de las múltiples convocatorias.

Estas asambleas, surgidas tras el estallido social de diciembre de 2001, tuvieron un rol clave en la articulación de la protesta ciudadana.

Durante el acto se leyeron documentos con reclamos de “pan, trabajo, salud y educación”, y se reiteraron críticas al gobierno y al FMI.

La CGT y el Gobierno: un acto con Duhalde

En paralelo, la CGT oficial, liderada por Rodolfo Daer, realizó un almuerzo con el presidente Eduardo Duhalde en un camping sindical.

Allí, el dirigente sindical planteó la necesidad de atender los reclamos del sector: “los trabajadores queremos trabajo, poder de compra y que no siga cayendo el salario de los argentinos”.

También advirtió sobre la situación social: “no queremos que se siga agrandando la realidad del hambre en Argentina”.

El encuentro reflejó la relación entre el Gobierno y un sector del sindicalismo, en un momento en que se buscaba estabilizar la economía y contener el conflicto social.

Rodolfo Daer, extitular de la CGT.

Un Día del Trabajador sin unidad, pero con demandas comunes

A diferencia de otros años, el 1° de mayo de 2002 estuvo marcado por la fragmentación de las convocatorias: actos sindicales, movilizaciones piqueteras, encuentros de asambleas y actividades de partidos de izquierda.

Sin embargo, más allá de esa dispersión, las demandas eran coincidentes: empleo, recuperación salarial, asistencia social y rechazo a las políticas de ajuste.