02/05/2026 - Edición Nº1180

Política

Memoria activa

Malvinas: qué cambió el 1° de mayo de 1982 y por qué marcó la guerra

01/05/2026 | Bombardeos y ataques navales marcaron un día decisivo en la guerra del Atlántico Sur.



Tras varias semanas de tensión militar -luego de la recuperación argentina de las Islas Malvinas- el sábado 1° de mayo de 1982 las fuerzas británicas lanzaron su primera ofensiva directa y masiva sobre las posiciones argentinas desplegadas en el archipiélago. La jornada comenzó de madrugada con el ataque de un bombardero Avro Vulcan sobre la pista aérea de Puerto Argentino, en el marco de la Operación Black Buck. Luego se sumaron aviones Sea Harrier y fuego de buques británicos contra instalaciones militares, radares y defensas argentinas.

Las fuerzas argentinas respondieron con artillería antiaérea y salidas de la Fuerza Aérea Argentina y la Armada Argentina. Durante ese día se produjeron varios combates aéreos y comenzaron pérdidas materiales y humanas en ambos bandos.Para los historiadores militares, el 1° de mayo representa el inicio de la fase más intensa de la Guerra de las Malvinas: desde entonces, la disputa dejó de ser una amenaza latente para convertirse en guerra abierta sobre el territorio insular.

Qué pasó entre el 2 de abril y el 1 de mayo

Tras el desembarco argentino del 2 de abril de 1982 en las Islas Malvinas, la dictadura buscó consolidar un triunfo político interno apoyado en la reivindicación de un reclamo histórico. La rápida rendición de la reducida guarnición británica y la ocupación de Puerto Argentino generaron una ola de apoyo popular en la Argentina, aunque detrás de la euforia comenzaba una carrera diplomática y militar de enorme magnitud.

La respuesta de Reino Unido fue inmediata. La primera ministra Margaret Thatcher ordenó el envío de una poderosa flota al Atlántico Sur para recuperar las islas por la fuerza. Mientras tanto, en Naciones Unidas se aprobó la Resolución 502, que exigió el cese de hostilidades y la retirada argentina. Londres ganó respaldo de sus aliados occidentales, mientras Buenos Aires intentaba instalar que se trataba de un caso de descolonización pendiente.

Clarín, 11 de abril de 1982.

En ese escenario apareció el papel ambiguo de Estados Unidos. El gobierno de Ronald Reagan intentó inicialmente mediar a través del secretario de Estado Alexander Haig, quien viajó entre Londres y Buenos Aires buscando una salida negociada. La junta militar argentina creía que Washington iba a aplicar el Tratado Interamericano a Asistencia Recíproca (TIAR) frente a la avanzada de una potencia extracontinental. Esa expectativa chocó con la realidad estratégica: Estados Unidos priorizó su alianza atlántica con Londres y terminó brindando inteligencia, logística y apoyo material a los británicos. La prensa argentina dio cuenta de eso, pero la revista que lo expuso en forma más cruda fue la desaparecida HUMOR.

Revista HUMOR, abril de 1982.

La decisión estadounidense fue vivida en amplios sectores argentinos y latinoamericanos como una traición diplomática. El TIAR quedó políticamente herido, incapaz de cumplir su propia letra. Con el correr de abril, la Casa Blanca abandonó la neutralidad formal, para avanzar en la aplicación de sanciones económicas para la Argentina, para poner en palabras lo que ya era evidente.

Apoyo del Tercer Mundo y propuesta peruana

La posición argentina cosechó respaldo en buena parte del llamado Tercer Mundo y de América Latina. Países no alineados, gobiernos africanos y naciones árabes apoyaron en foros internacionales el reclamo de soberanía argentina. En la región hubo pronunciamientos favorables de diversos gobiernos, aunque no todos estuvieron dispuestos a involucrarse militarmente.

La imagen del canciller Nicanor Costa Méndez estrechando la mano de Fidel Castro sintetizó una paradoja histórica: una dictadura anticomunista buscando respaldo diplomático de la Cuba revolucionaria frente al eje anglosajón. Ese frenético mes de abril dejó atrás la visita de Galtieri a Estados Unidos –cuando todavía no era presidente- en la que se habló del “general majestuoso” y la colaboración que prestó el Proceso de Reorganización Nacional, dando apoyo político, militar, logístico y de inteligencia a la estrategia de Estados Unidos en Centroamérica a fines de los años 70 y comienzos de los 80.

El canciller Costa Méndez se reunió con Fidel Castro en plena tensión por Malvinas.

Otro actor clave fue Perú. El presidente Fernando Belaúnde Terry impulsó una propuesta de paz que contemplaba cese del fuego, retiro de fuerzas y una administración transitoria que abriera negociaciones sobre soberanía. Lima también brindó apoyo material a Buenos Aires. Durante algunos días, esa iniciativa apareció como una salida posible, pero las desconfianzas mutuas, las exigencias británicas y la intransigencia de las partes la hicieron naufragar.

Presidente peruano Fernando Belaúnde Terry. Desde el comienzo respaldó a la Argentina.

Mientras la diplomacia se agotaba, ambos bandos aceleraban preparativos militares. Argentina reforzó las islas con tropas, artillería y aviones, aunque con limitaciones logísticas. Reino Unido acercó su fuerza de tareas al teatro de operaciones y declaró una zona de exclusión marítima alrededor del archipiélago. El conflicto ya había superado la etapa retórica. Así se llegó al 1 de mayo de 1982. Después de un mes de pulseadas diplomáticas, promesas frustradas, apoyos simbólicos y maniobras militares, la crisis entró definitivamente en su fase de guerra abierta.

 

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