02/05/2026 - Edición Nº1180

Política

Guerra de Malvinas

A 44 años del Bautismo de Fuego: el testimonio de Pablo Carballo

01/05/2026 | En un nuevo aniversario de la primera misión de la Fuerza Aérea Argentina, recordamos a uno de los pilotos protagonistas del conflicto, condecorado con la Cruz al Heroico Valor en Combate.



El 1° de mayo de 1982 marcó el Bautismo de Fuego de la Fuerza Aérea Argentina en la guerra de Malvinas. Y entre los protagonistas estuvo el por entonces capitán Pablo Carballo, quien pasó de un error inicial en el combate al reconocimiento como uno de los pilotos más valientes de la contienda. En una entrevista pasada que le confió a este periodista en el diario La Prensa, el militar revivió las experiencias de las misiones contra Gran Bretaña, a las que definió como un servicio de “amor a la patria”.

En esos recuerdos, relató cómo fue su ataque al buque mercante argentino ELMA Formosa, el impacto emocional que le generó y cómo transformó ese sentimiento en un impulso para seguir combatiendo. También describió los objetivos más difíciles, las injusticias en las condecoraciones y la diferencia tecnológica con el enemigo.

-¿Cómo se sintió cuando llegó al destacamento y le dijeron que el buque atacado era nuestro?

-Eso fue al día siguiente. El 1º de mayo, cuando salí a la misión, estaba seguro de que iba a morir porque era el Día del Trabajador. Cuando ataqué el buque estaba en medio de una llovizna, mal tiempo, yo había visto las fotos de los petroleros ingleses y pensé que era uno de ellos. Además, un oficial en mi base dijo que no había ningún buque nacional en la zona asignada. El Formosa estaba dentro de la bahía de Puerto Argentino. Cuando lo atacan los Harrier no logran darle y ahí sale de la bahía. Luego, cuando yo vuelvo a Puerto Argentino veo que el Formosa no se había hundido, entonces conecté los cañones y le disparé. Al regresar, feliz de haber salido vivo, el brigadier Camblor me dijo: “Carballo, usted atacó el Formosa, un buque propio”. En ese momento tuve una descompostura, caí desmayado y me vino a la mente toda la secuencia del ataque. Años después la tripulación del Formosa me invitó a comer un asado. Soy amigo de los capitanes y de Miranda, a quien admiro y respeto.

-¿Después de esto qué le dijeron para levantar el ánimo, o qué se dijo a sí mismo?

-Dije: “Tengo que levantar el aplazo. De aquí me voy muerto o peleando. Vine a pelear, voy a pelear”.

-Le pasaron mala información.

-No. Me dijeron que eran hechos de guerra y había que analizarlos. El buque estaba al sur de la Gran Malvina después de haber sido atacado. Mi amigo Nicolás Kazansew relató en un programa que el Formosa había sido atacado y buscaba aguas seguras. Analizando horarios se determinó que nunca podría haber llegado al sur de la isla.

-A pesar de este incidente, con el correr de las misiones usted se fue consolidando como una de las piezas fundamentales del ataque aéreo argentino…

-Sí. En determinado momento el brigadier Crespo me llamó y me dijo: “Carballo, usted se está haciendo famoso”. Yo le contesté: “Señor brigadier, sólo tengo que levantar un aplazo”.

-¿Se sintió como el personaje de Top Gun?

-No. El personaje de Top Gun es totalmente ficticio, superficial, falto de valores… no tiene nada que ver con un piloto argentino. El piloto argentino es alguien que ama a Dios y a su patria, con sentido de familia, y que no tiene las ventajas de esos aviones, que eran imposibles de ser derribados. Además es un personaje fanfarrón, rebelde, no cumple con las horas de vuelo. El mejor piloto de la Fuerza Aérea no es el que mejor vuela, sino el más responsable.

Pablo Carballo y su Douglas A‑4B Skyhawk, un caza bombardero ligero de origen estadounidense que fue ampliamente utilizado por la Fuerza Aérea Argentina.

-Entre las tres ramas de las Fuerzas Armadas, ¿la FAA fue la que más se destacó?

-No. Una cosa es lo que dicen y otra cosa es la realidad. Pienso en el gloriosísimo Ejército Argentino que en su ADN nos defendió de las invasiones inglesas y me saco el sombrero cuando veo un Lautaro Jiménez Corbalán, un Estévez, un Esteban, un Frecha… esos hombres son héroes tremendos. No se puede comparar lo que hace un avión con lo que hace un infante, un soldado. Fue una tremenda injusticia. Esas diferencias me producen mucho dolor, hay lugar para todos en la historia. Las medias verdades son grandes mentiras, porque desmerecen lo que hicieron héroes extraordinarios de nuestra patria.

-De hecho Poltronieri peleó solo.

-No peleó solo, se quedó cubriendo la retirada de sus compañeros. Igual que Cabral o Belgrano. También me saco el sombrero con los pilotos de Super Etendard, porque fue gente que, aun sin tener una adecuación total de lo que era su sistema, hizo que eso funcionara.   

-¿Fue más decisiva la inexperiencia en combate o el factor tecnológico?

-Lo decisivo fue el amor a la patria. Yo escribí en un libro: “Nosotros sólo teníamos un avión viejo y un corazón argentino”. Lo tecnológico… a ver… nos enfrentamos a la tercera potencia naval del mundo… Uno de los ingleses que escribió para mis libros me dijo: “Las islas Malvinas son argentinas porque hay 8 mil millas de mar en mis ojos. Nosotros no sabíamos a dónde íbamos, y ustedes luchaban por lo que amaban”. Sin embargo, entre los pilotos de Fuerza Aérea no había diferencias de entrenamiento. Volábamos 30 horas al mes, cuando en el mundo eran 16. La capacitación era impecable.

-Usted fue condecorado con la Cruz del Sur… ¿Cuál de todas las misiones le pareció la más difícil?

-En todas me tiraban de una forma tremenda. Yo fui alcanzado tres veces, en el ataque del Antelope me estalló un misil debajo del ala izquierda que dañó el tanque de combustible. Me decía el alférez Hugo Gómez que volaba conmigo que en ese momento me envolvió una nube azul y luego una lluvia de piedras, y él pasó en medio de esa lluvia. El 25 de mayo, en el ataque a la Coventry, me pegó una esquirla grande en el ala derecha; el 27 de mayo en bahía San Carlos me pegaron en seis lugares diferentes del avión: una pegó debajo del asiento, otra me rompió el motor, otra munición en el tablero instrumental… y el oficial que la sacó me dijo: “tome Carballo, ésta iba directo a su pecho”. Esa es la máxima condecoración que tengo.

-¿Hubo combatientes que no tuvieron reconocimientos?

-Uno no va a la guerra por una medalla, pero sí hubo injusticias. El teniente Carlos Rinke, con más horas de vuelo en la guerra, no tiene la Cruz al Heroico Valor en Combate.

-¿Cree que ahora hay un mayor reconocimiento de la sociedad a los veteranos?

-Yo digo que están los argentinos y los que viven acá. Hay gente que me ve, me da un abrazo y se pone a llorar. Hay otros a los que no les importa nada y no se ocupan de las cosas del futuro de sus hijos ni de sus nietos. Por eso a mí me interesan las personas que piensan en su bien, en valores, en la patria. El futuro del país está en la educación: hay que educar a los argentinos para que nunca más tengan vergüenza de lo que deben tener orgullo. Hay que enseñar a unirse, porque nos pegan palos de todos lados y estamos divididos.

-Como dijo el Martín Fierro…

-Exacto. “Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera, tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea porque si entre ellos se pelean los devoran los de afuera”.

-¿Qué fue para usted volar?

-Yo me siento halcón. Estoy entre aviones desde chico porque mi padre era de la Fuerza Aérea. Volar es mirar las cosas como las mira Dios, desde el cielo.

Un halcón en la Feria del Libro

Tanto a Carballo como al resto de los pilotos de la Fuerza Aérea que combatieron en Malvinas se los llamó “halcones” porque integraban las escuadrillas de aviones de caza -principalmente los A-4 Skyhawk- en misiones de ataque a buques y posiciones terrestres. El término surgió como una forma de destacar su coraje, agresividad y espíritu ofensivo, comparándolos con el ave rapaz que se lanza sobre su objetivo con precisión y valentía.

A pesar de su visión 'desde arriba', Carballo siempre de mantuvo con perfil bajo y humilde, pero sin dejar de transmitir los valores de la patria en cada edición de la Feria del Libro. Allí, en el stand de la editorial Argentinidad, filas eternas de ávidos lectores -grandes y chicos- ansían charlar con él y sacarse fotos, pero lo que se llevan son enseñanzas del conflicto y del proceso democrático. Habiendo alcanzado el rango de Comodoro, el piloto fue condecorado con la Cruz al Heroico Valor en Combate de la República Argentina.

En la edición 2026 de esta popular feria, Pablo Marcos Rafael Carballo, tal su nombre completo, concurrirá al predio de Palermo los días 8, 9 y 10 de mayo en el horario de 14 a 22 horas. 

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