A 7 años de aquel intento fallido de construir consensos básicos, el recuerdo del decálogo impulsado por el gobierno de Mauricio Macri vuelve como referencia inevitable cada vez que la política argentina discute acuerdos de largo plazo.
La iniciativa, articulada desde el Ministerio del Interior que conducía Rogelio Frigerio, buscaba enviar una señal de previsibilidad a los mercados en medio de la volatilidad económica.
Sin embargo, lo que pretendía ser un gesto de madurez política terminó convirtiéndose en un episodio de fuerte rechazo opositor y desconfianza cruzada. El intento de sellar diez compromisos básicos naufragó en cuestión de días, dejando al descubierto las dificultades estructurales para construir acuerdos amplios en la Argentina.
La propuesta del gobierno de Cambiemos consistía en consensuar diez puntos considerados “básicos” para garantizar estabilidad económica e institucional. Entre ellos, figuraban el equilibrio fiscal, la independencia del Banco Central, el respeto a los contratos, la integración al mundo y el cumplimiento de la deuda.
La idea era clara: ofrecer certidumbre a los inversores en un contexto de suba del riesgo país y volatilidad cambiaria. Desde el oficialismo señalaban que se trataba de “cuestiones básicas” que debían sostenerse “gane quien gane”. En ese marco, Frigerio planteaba que “la Argentina necesita que haya cosas que ya no se toquen”.
El respaldo empresarial no tardó en llegar. Las principales cámaras nucleadas en el denominado G6 y la Asociación Empresaria Argentina acompañaron la iniciativa, al considerar que este tipo de acuerdos “contribuye a brindar mayor previsibilidad” y a generar un clima favorable para la inversión y el empleo.
El conflicto se desató cuando el contenido del decálogo se filtró a la prensa antes de que existiera un acuerdo político consolidado. Según trascendió en ese momento, las conversaciones se venían llevando adelante con referentes del peronismo dialoguista como Sergio Massa, Miguel Ángel Pichetto y Juan Manuel Urtubey.
Pero la reacción fue inmediata y mayoritariamente negativa. Massa salió al cruce y desmintió negociaciones: “El Presidente y sus ministros no tomaron contacto conmigo. No estamos en negociaciones”, afirmó, y cuestionó el método al advertir que “no vamos a admitir una convocatoria en la que el Gobierno diga quiénes son los buenos y quiénes son los malos”.
También fue crítico Roberto Lavagna, quien sostuvo que “consenso es escucha sincera de los que piensan distinto, no marketing”. En la misma línea, cuestionó el contenido del decálogo al señalar que “ni se menciona el crecimiento de la economía” y advirtió que “el equilibrio fiscal logrado por medio de una recesión económica no es viable, ni sostenible”.
Pichetto, que en un primer momento había considerado el acuerdo como “algo positivo”, terminó relativizando su apoyo: “Los acuerdos deben ser discutidos sin especulaciones electorales con los gobernadores”, planteó. Un mes después, Pichetto aceptaría ser el candidato a vicepresidente de Macri.
El diagnóstico evidente es que el Gobierno fracasó en su política económica, por lo que debe cambiar de receta.
— Roberto Lavagna (@RLavagna) May 3, 2019
En los 10 puntos que se publicaron ni se menciona el crecimiento de la economía. Podemos saber entonces que no funcionarán. Cómo venimos advirtiendo desde 2016.
El rechazo no se limitó al peronismo dialoguista. Sectores del kirchnerismo también cuestionaron con dureza la iniciativa. Axel Kicillof afirmó que los puntos estaban pensados “para satisfacer al FMI” y criticó que “no hablan del empleo, no hablan del salario”.
Por su parte, Alberto Fernández coincidió en que la movida tenía como objetivo dividir a la oposición. Incluso espacios no convocados, como el PJ Nacional y otros sectores políticos, se sumaron a las críticas.
La amplitud del rechazo dejó al gobierno prácticamente sin interlocutores válidos para avanzar en el acuerdo. Apenas Urtubey sostuvo que “no se puede negar a debatir políticas públicas con el Gobierno”, aunque su postura quedó aislada.
Ante el escenario adverso, Macri decidió involucrarse personalmente y tomó contacto con los principales referentes opositores para destrabar la situación. Sin embargo, los resultados fueron escasos.
Según trascendió en aquella oportunidad, Massa evitó avanzar y Lavagna cuestionó la lógica de firmar un documento ya cerrado. La iniciativa terminó diluyéndose rápidamente, sin lograr el objetivo de construir un consenso político amplio.
En las PASO de ese año, Alberto Fernández se impuso por 15 puntos y el kirchnerismo quedaba a tiro de la Casa Rosada. Al día siguiente, el famoso lunes negro: el dólar saltó fuertemente, el Riesgo País se disparó y las acciones argentinas tuvieron una histórica caída.