El paso de Manuel Adorni por el Congreso dejó lecturas opuestas entre oficialismo y oposición, pero sobre todo activó una nueva fase en la estrategia parlamentaria. Mientras el Gobierno celebró haber “respondido todo”, los bloques opositores comenzaron a delinear una agenda común para llevar al recinto en las próximas semanas.
La idea no es nueva, pero ahora toma forma: construir un temario con proyectos que sumen voluntades y permitan alcanzar el quórum de 129 diputados. El objetivo es claro: emplazar comisiones dominadas por el oficialismo y forzar el tratamiento de iniciativas que el Ejecutivo evita impulsar.

En ese armado, distintos espacios ya negocian qué temas incluir para ampliar la base de apoyo. El eje central será la agenda social, con foco en el endeudamiento de las familias, la caída del poder adquisitivo y el impacto de la crisis económica en los sectores medios y bajos.
Uno de los puntos clave será la comisión de Defensa del Consumidor, donde existen múltiples proyectos orientados a aliviar la situación de hogares endeudados. Allí, la oposición intentará avanzar pese a que el oficialismo y sus aliados tienen una posición dominante en número.
El desafío es político y matemático. Para avanzar, los bloques deberán sumar apoyos de sectores dialoguistas como el PRO, la UCR y representantes provinciales. En ese esquema, cada proyecto puede funcionar como moneda de negociación para alcanzar el número necesario.

Un caso que miran de cerca es el de Santa Fe. La gestión de Maximiliano Pullaro impulsó medidas para desendeudar a trabajadores, una señal que podría traducirse en respaldo legislativo desde ese distrito. La diputada Gisela Scaglia, referente de ese espacio, aparece como una pieza clave en ese equilibrio.
En paralelo, el oficialismo mantiene su propia estrategia: limitar el debate a los proyectos que impulsa el Ejecutivo y bloquear cualquier intento de avanzar con una agenda alternativa. La tensión se traslada a comisiones como Presupuesto y Hacienda, donde el margen opositor es más reducido.
El escenario abre una nueva etapa en el Congreso. La oposición busca capitalizar el malestar social y convertirlo en presión legislativa, mientras el gobierno de Javier Milei intenta sostener el control de la agenda. En ese juego fino de votos y tiempos, lo que está en disputa no es solo una sesión, sino la capacidad de marcar el rumbo político en un año clave.